OPINIÓN / SIN ÁNIMO DE OFENDER - por JORGE FERNÁNDEZ

Coronavirus: una oportunidad para ser bendición

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“Serás bendición” (Génesis 12:2)

 20200311 1c

(JORGE FERNÁNDEZ, 11/03/2020) | Las medidas extraordinarias recomendadas y adoptadas por instituciones e iglesias evangélicas, de suspender o aplazar reuniones, actividades, eventos, e incluso en muchos casos los cultos dominicales por causa del coronavirus, han sido recibidas con desdén o incluso críticas por parte de algunos creyentes a través de las redes sociales.

Se cuestiona la “falta de fe” de los pastores y líderes que han ordenado o adoptado esas medidas y se esgrimen versículos bíblicos para defender “que los cristianos no tenemos que tener miedo a morir”; o bien “que los cristianos somos inmunes a toda plaga o enfermedad si tenemos fe” y si “no andamos en pecado”.

Seré claro, estas líneas no las escribo para quienes defienden estos disparates sin sentido y contrarios al evangelio de Jesucristo...

También se oye por las redes sociales que “si uno da el diezmo no tendrá coronavirus” (sic), o que algún presunto profeta habría “atado” públicamente al coronavirus en un acto multitudinario, aunque de momento el virus parezca seguir bastante desatado.

QUEREMOS SER PARTE DE LA SOLUCIÓN

Seré claro, estas líneas no las escribo para quienes defienden estos disparates sin sentido y contrarios al evangelio de Jesucristo, sino para aquellos de mis hermanos que sinceramente puedan abrigar dudas acerca de las drásticas decisiones tomadas.

En una conversación que tuve la oportunidad de mantener la pasada semana con el Ministro de Sanidad y con las principales autoridades sanitarias de nuestro país, quienes están en la primera línea en este frente de batalla contra la expansión del coronavirus, les expresé que “las iglesias evangélicas no somos parte del problema y queremos ser parte de la solución en esta crisis”. Lo dije como me salió, sin haberlo pensado mucho, pero convencido de que esa es nuestra vocación y deseo como cristianos evangélicos.

ACTITUDES DIFERENTES ANTE UNA MISMA CRISIS

Jonás representa al creyente cargado de prejuicios, insolidario, que se cree superior a los que no creen como él y que solo tiene para ofrecer a quienes no conocen a Cristo palabras de condenación y gestos arrogantes.

Ya en casa, pensando en ello, me vinieron a la mente las escenas bíblicas de dos crisis muy similares, que fueron afrontadas por creyentes con actitudes -y resultados- muy diferentes. Dos situaciones de peligro de naufragio. Una, en la nave que viajaba el profeta Jonás, un hombre que huía de la presencia de Dios y del mandato que el Señor le había dado, y en esa huida se convirtió en una amenaza para sus compañeros de viaje[1]. Jonás era parte del problema, de la crisis que afectaba a todos. Para ser justos, habría que decir que era “el” problema. Otra situación similar, la nave que llevaba a Saulo de Tarso, ya convertido en apóstol Pablo y “prisionero de Cristo”, para ser juzgado en Roma.[2] Las mismas aguas del Mediterráneo que azotaron la nave de Jonás siglos atrás, se levantaban ahora amenazantes contra la frágil nave romana. Solo que, en este caso, el apóstol no sería el problema, sino “la solución”.

Mientras que Jonás fue “azotado por Dios” por no querer ser, ni directa ni indirectamente, instrumento de bendición para los asirios, a quienes debía anunciar una “última oportunidad” de parte de Dios para reconciliarse con él, el apóstol Pablo, en cambio, recibió una visión nocturna esperanzadora para todo el pasaje, incluida la tripulación, y se empleó a fondo para mantener a aquellos incrédulos unidos para poder salvarse juntos.

Jonás representa al creyente cargado de prejuicios, insolidario, que se cree superior a los que no creen como él y que solo tiene para ofrecer a quienes no conocen a Cristo palabras de condenación y gestos arrogantes.

Pablo, en cambio, representa al creyente que, imbuido del Espíritu de Dios y de su amor por los perdidos, “desea que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” y que, por lo tanto, es capaz de mostrar humanidad e interesarse por la seguridad y el destino común de todas las personas, sean creyentes o no.

Pablo, en cambio, representa al creyente que, imbuido del Espíritu de Dios y de su amor por los perdidos, “desea que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” y que, por lo tanto, es capaz de mostrar humanidad e interesarse por la seguridad y el destino común de todas las personas, creyentes o no.

El primero, se considera inmune a todo mal y se muestra distante al sufrimiento de los asirios.

El segundo, es consciente de su fragilidad humana y de que va en el mismo barco que todos los demás. Y, si bien no tiene miedo a morir ni a su destino eterno, es capaz de sufrir con el que sufre y acusar las embestidas del oleaje contra la nave. No es un superhombre y, precisamente gracias a ello, puede oficiar como verdadero “sacerdote” e interceder ante Dios no solo por él mismo, sino por sus compañeros de viaje. “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo”.[3]

El primero, fue reprendido por Dios y obligado a cumplir su misión, aunque fuera a regañadientes.

El segundo, recibió una promesa de Dios que garantizaba la supervivencia de todo el pasaje y que le granjearía el reconocimiento, la confianza y el respeto de las autoridades romanas, lo que allanaría el camino para la semilla del evangelio en la capital del Imperio, donde pronto se establecería la primera comunidad cristiana de Roma.

El primero, era un profeta verdadero, pero era un mal profeta.

El segundo, era un ministro del evangelio responsable, sabio y prudente, lleno del poder de Dios, que restaba importancia a que la mordedura de una serpiente venenosa no le hiciera daño y no hacía alarde o exhibicionismo de ello. Solo hacía alarde de sus debilidades y de la poderosa gracia de Cristo manifestada en su vida.

yo2Como testimonio personal, puedo decir que soy testigo directo de estas mismas cualidades -fe, sabiduría, prudencia, interés por la integridad física de todas las personas, y deseo de ser “parte de la solución” en medio de una crisis- evidenciadas en la vida y en las actuaciones recientes de pastores y líderes evangélicos que han decidido sacrificar eventos y suspender cultos en un ejercicio impecable de responsabilidad, pese a los perjuicios personales y para su colectivo (algunos de ellos, fervientes pentecostales, por si a alguien le sirve el dato).

A los jonases, les hago esta pregunta: ¿en esta crisis epidémica, de qué lado quieren estar? ¿Quieren ser parte del problema o parte de la solución? ¿Quieren ser instrumento de condenación, o instrumento de bendición?

Autor: Jorge Fernández

 
  

[1] Jonás 1:12: "... yo sé que por mi causa ha veindo esta gran tempestad sobre vosotros"

[2] Hechos 27

[3] Hechos 27:22-26. Es interesante que, pese a tener esta promesa tan clara, comunicada de forma sobrenatural, Pablo reconoce, “con todo, es necesario que demos en alguna isla”. Es decir, “Dios hará el milagro, pero nosotros tenemos que hacer nuestra parte”. Nada parecido a una “super fe”.

 
  

© 2020. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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