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SAMUEL ESCOBAR | Sobre "El estado de la Misión" (II Parte)

“Hay que hacer misión al estilo de Jesús; no al estilo del Imperio"

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Pastor y profesor Samuel Escobar / foto: CrearenSalamanca.com

(AUDIO, 18/06/2015) Samuel Escobar es catedrático emérito de misionología en el Seminario Teológico Palmer, en Pensilvania, EEUU, y profesor de la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista Española (FTUEBE), en Madrid.

Nació en Arequipa, Perú. Estudió en las facultades de Letras y Educación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Es doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid y doctor honorario en teología por la Universidad MacMaster de Canadá. Es miembro de la American Society of Missiology, que presidió en 2002, y colabora habitualmente en publicaciones en castellano y en revistas especializadas en inglés.

También es miembro de la Iglesia Evangélica Bautista de la calle Quart, en Valencia.

Esta es la tercera parte de una entrevista más amplia que hemos subdividido en tres bloques. El primero, sobre “Protestantismo y Política”; el segundo sobre El estado de la Misión (I Parte); y este de hoy, que es el tercer bloque y última parte de esta entrevista exclusiva para Actualidad Evangélica.

ACTUALIDAD EVANGÉLICA: Ha dicho: “La modernización y la globalización como valores supremos, sería equivalente a la aceptación acrítica del antiguo orden imperial de la experiencia constantiniana”. ¿En qué medida la globalización es una oportunidad para la misión, y en qué medida un desafío?

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El profesor Samuel Escobar, en los estudios de Radio Encuentro (Cadena de Vida) / Foto: Mateus Rodrigues

SAMUEL ESCOBAR: Hasta cierto punto, se puede decir que hay resultados de la modernización que son resultado de la misión cristiana. Por ejemplo, el Protestantismo misionero, donde quiera que va pues, lleva la Biblia. Entonces, para ser protestante, hay que aprender a leer; y eso ya es un paso en dirección a la modernidad. A veces, eso se combina también con otro elemento: un pueblo que no ha tenido lengua escrita, pero que ha continuado hablando su lengua, llega un traductor bíblico, reduce la lengua a un alfabeto, traduce el Evangelio ese lengua y, entonces, los que hablan esa lengua tienen por primera vez un libro escrito en su propia lengua. Y aquello eleva el sentido de dignidad de un pueblo. “¡Dios también habla nuestro idioma!”, diríamos. Yo lo he escuchado esto a nativos en la Amazonia peruana. Entonces, ahí hay un proceso de modernización que ha seguido a la misión cristiana. Pero no todo proceso de modernización es necesariamente positivo y bueno.

AE: Y, ¿cuáles serían, en términos generales, los desafíos de la globalización?

SE: Bueno, ahí tenemos que recordar que, la idea de lo global, es una idea que está en el Nuevo Testamento. Decía un cómico español, “el mundo entero y sus alrededores” (risas). Pero esta expresión, “el mundo entero”, es una expresión del Nuevo Testamento. Pablo, por ejemplo, dice: “yo ya he evangelizado desde Jerusalén hasta Ilirico”, es decir, toda la mitad oriental del Imperio, “y ahora quiero ir a España”, que es la otra mitad. Ese es el mundo. Y para Pablo, es el campo (misionero) al que Dios le envía. Hay una visión, de que Dios quiere que su mensaje llegue a todos los seres humanos. Y bendice a unos, para que sean bendición para los demás. Así que, allí hay una “visión global”. Ahora pues, con la historia de los veinte siglos que han pasado, tenemos hoy la realidad tecnológica, y la globalización es una experiencia de la que no nos podemos desprender. Está en el transporte, está en las comunicaciones, está en el hecho de ciertas monedas que son casi universales --euros, o dólares--, etc. Es un hecho.

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El libro "Cómo comprender la Misión" (Ed. Andamio), en el que se basa esta entrevista.

¿La globalización facilita la misión? Sí, a veces la facilita. Permite que un misionero vaya a un sitio remoto y tenga posibilidades de seguir comunicado con su iglesia, la iglesia que lo envía y, al mismo tiempo, seguir sirviendo en este punto remoto. Eso solo es posible dado el hecho de la globalización. Pero claro, no todo en la globalización es necesariamente positivo. Hay un aspecto negativo y es que, cuando el dinero, el poder económico, se convierte en el factor decisivo, y viene a ser lo único que importa, entonces la globalización resulta como una maldición.

AE: Y termina cultivando otros valores, ¿no? Hay mucha resistencia a la globalización en algunos sectores que ven la globalización como un rodillo cultural deshumanizante, masificador, que trata a las personas como un número, a las que manipula mediante técnicas de mercadeo… Se ve como un brazo del Imperio menos identificable, ¿no?

SE: Así es. Y acá entramos a hacer teología sobre la esencia de lo humano. Tengo un amigo que es croata, al que conocí cuando todavía existía la antigua Yugoslavia, donde él era profesor de un Instituto Bíblico. Después vino que Yugoslavia se partió en pedazos, con una guerra sangrienta y terrible. Esto le llevó a él a pensar en, "¿qué tiene que decir el mensaje bíblico de esto?". Y escribió un libro muy hermoso, que se llama, “Exclusión o abrazo”. Habla de cómo nosotros, los humanos, construimos nuestra identidad por exclusión. Como el “nosotros” del castellano, que significa “nos” y “no los otros”. Es una manera de afirmarnos. Pero también podemos aceptar al otro con un abrazo. Allí está el dilema: o yo me defino, excluyendo cualquier relación con los otros, o entonces me doy cuenta de que es mejor abrazar al otro, al que es diferente a mí, y que hay lugar para los dos en este mundo.

AE: ¿Y la politización de la misión? En su libro usted afirma: “Me parece cuestionable cuando percibo que las naciones que están en pugna con la política exterior de los EEUU se las sitúa en “ventanas” (donde presuntamente la actividad demoníaca es mayor...).  Se ha llegado a un extremo inaceptable, cuando el nacionalismo y el patriotismo nos llevan a demonizar a los enemigos de nuestra propia nación”. Y “una extraña forma de ‘sionismo cristiano’ se propaga por muchos medios de comunicación evangélicos”.

"Hay un aspecto negativo [de la globalización] y es que, cuando el dinero, el poder económico, se convierte en el factor decisivo, y viene a ser lo único que importa, entonces la globalización resulta como una maldición"

SE: Eso es. Ese proceso de “endiosamiento” de la propia cultura, de los propios valores, de la propia nacionalidad; y el desmerecimiento, desprecio, a la otra cultura, cuando adquiere un tono religioso, es terrible. Por ejemplo, de los países árabes se dice que ellos forman parte de esa “ventana 10/40” que es donde hay menos presencia cristiana. Entonces se dice: “hay menos presencia cristiana (por tanto), está más activo el diablo”. Esa es la idea, es a eso a lo que me refiero; a esa demonización.

Tengo un amigo argentino que ha sido misionero en el norte de África, y ha escrito un libro sobre “El humor en las misiones”. Y él cuenta cómo él va, en uno de sus primeros viajes en este país árabe, con su fatiga, en el coche, a visitar una aldea donde van a hacer un trabajo de evangelización. Y resulta que el coche se le rompe, por lo que se tienen que quedar en esta aldea donde no conocen a nadie. Y resulta que él no sabía que los árabes son muy hospitalarios, y que no van a permitir que un huésped como él pase la noche en la calle. Entonces se sorprende de la bienvenida, la hospitalidad, de la comida que le dan…, o sea, que descubre, para vergüenza propia, que tenía una imagen negativa (de los árabes musulmanes). Eso nos hace acordar, que cuando los discípulos de Jesús vienen y lo encuentran conversando con la mujer Samaritana… o con los publicanos y pecadores… (se preguntan) “¡Míralo a Jesús… cómo es posible!”.

AE: Y ¿cómo es posible que pueda convivir en nosotros el espíritu de Jesús y los prejuicios y creencias (excluyentes) de nuestra cultura?

SE: Justamente por eso creo yo podemos entender por qué se escriben los evangelios. Los evangelios se escriben cuando ya hay una generación de creyentes que no han tenido la oportunidad de verlo personalmente a Cristo ni de escucharlo, y que a lo mejor se han olvidado de algunas cosas importantes que es bueno recordar acerca de Jesús. Entonces, especialmente Lucas, nos cuenta como Jesús trata a los pobres, a las mujeres, a los publicanos, etc. ¿Con quién comía Jesús? “¿Comería Jesús con un publicano?”. Pues sí, resulta que sí. Y entonces, la humanidad de Jesús es algo que necesitamos conocer bien para saber cómo hemos de ser humanos hoy nosotros, como discípulos de Jesus. Y de allí, en cuanto a la misión: hay que hacer misión “al estilo de Jesús”. No al estilo del Imperio.

"...la humanidad de Jesús es algo que necesitamos conocer bien para saber cómo hemos de ser humanos hoy nosotros, como discípulos de Jesus. Y de allí, en cuanto a la misión: hay que hacer misión “al estilo de Jesús”. No al estilo del Imperio."

AE: Quizás, esa pregunta tan sencilla, “What would Jesus do?” (“¿Qué haría Jesús?”), sea una pregunta muy pertinente, ¿no?

SE: Claro. Esa es una pregunta interesante, porque es el título de un libro: “En sus pasos. ¿Qué haría Jesús?” ; famoso libro de Charles M. Sheldon, que se publicó en la época del "evangelio social". Es decir, cuando, después de peleas y discusiones entre conservadores y liberales, se descubre cómo la humanidad de Jesús tenía como fin darnos un ejemplo de cómo hemos de ser humanos nosotros. Ahora estamos en una época en la que eso es más factible.

AE: Pobreza, posmodernidad y poscristiandad, son otras de los elementos que hay que tener en cuenta para el desarrollo y el progreso de la misión en el siglo XXI. Y explica el éxito del movimiento pentecostal y carismático en el hecho de  responder a esos desafíos con mayor eficacia que las confesiones religiosas tradicionales.

SE: Es un tema que nos daría para conversar una hora, pero voy a tratar de responder. La pobreza... Pues sí, Jesús dice: “a los pobres es anunciado el Evangelio”… “Bienaventurados los pobres…”. O sea que, el tema de la pobreza nos desafía a que entendamos todas sus dimensiones bíblicas. En la cuestión de la posmodernidad... Hay un aspecto de la posmodernidad que tiene que ver con la dimensión no racional de la vida; con la dimensión emotiva, de celebración. Hay gente que viene a nuestras iglesias porque le gusta el canto, la reverencia, el culto… Es eso lo que les atrae; no les atrae tanto el sermón, las ideas, sino que les atrae esa atmósfera de gozo en Cristo, de gozo desinhibido. Y claro, el Pentecostalismo ha recuperado un poco de eso. Y no cabe duda de que el camino por el que Dios llega a algunas personas, es ese.

AE: Por último: el multiculturalismo. Tampoco es un tema nuevo. David Shenk, un misionero menonita a quien usted menciona también en su libro, cuenta de sus experiencias en África, con los congresos “Hechos 15”, como él les llama, donde se acuerda fraternalmente la renuncia y la conservación de costumbres culturales a la luz del Evangelio… ¿Cómo se consigue ese “despojarse” de los aspectos negativos (o prescindibles) de la cultura propia, que puedan ser un estorbo para la misión en otra cultura?

Ese proceso de “endiosamiento” de la propia cultura, de los propios valores, de la propia nacionalidad; y el desmerecimiento, desprecio, a la otra cultura, cuando adquiere un tono religioso, es terrible.

SE: Yo he tenido la experiencia de estar en una iglesia menonita en el interior de Bolivia, donde el culto era en alemán, y todo era muy serio: no había instrumentos musicales, y aquello era de una solemnidad tremenda pero, al mismo tiempo, muy diferente a mi iglesia. Después de eso, al volver a los EEUU donde vivía en esa época, tuve que ir a predicar a la iglesia de negros de uno de mis alumnos, que me había invitado. Una iglesia de negros, donde el servicio dura tres horas, y todo es celebrativo y de un gozo y de una alegría tremenda, y donde después de hora y media de introducción te dan el púlpito. Y luego fui a mi iglesia, iglesia típica de clase media norteamericana. Tres situaciones completamente diferentes, todas ellas válidas, pero en cada una de ellas se ha respondido a la cultura de una manera, que se ha mantenido lo que es el Evangelio, la Palabra de Dios, el mensaje de Cristo, pero rodeada de un hecho cultural que es diferente.

AE: Despojada de lo que los misioneros traían de otras culturas…

SE: De otras culturas, y que no fue necesario para la obediencia al Evangelio. Una vez yo estuve en la selva del Perú con un grupo de maestros, adonde iba una vez al año para enseñar. Me acuerdo siempre la alegría de uno de estos misioneros, de uno de estos líderes nativos, que me dice, “hermano Escobar, ya tenemos la Biblia en nuestra lengua, ya tenemos el Evangelio de Marcos en nuestra lengua. ¡Qué maravilla, Dios ya habla nuestra lengua!”. Y estaba entusiasmado y agradecido a la misionera que se había pasado veinte años traduciendo. Y entonces me dice él: “la misionera, nuestra lingüista, me ha dicho que eso que habla tanto en el Evangelio de los 'espíritus inmundos'… que eso ya en nuestro tiempo no vale” (risas). Y me mira muy serio y me dice, “pero ¡nosotros sabemos que sí vale!”.

A mí me gustó el hecho de que él, dentro de su cultura, ¡sabía del poder del mal!, de la presencia de Satanás, del enemigo… y, sin embargo, estaba agradecido a esta misionera que, viniendo de otra cultura que era más escéptica en cuanto a la dimensión espiritual, todavía había hecho esta tarea tremenda de traducir.

AE: Se nos acaba el tiempo y nos quedan muchas preguntas en el tintero, pero tendremos que dejarlas para otra ocasión, si Dios lo permite.

Muchas gracias, pastor y profesor Samuel Escobar.


ESCUCHE AQUÍ LA ENTREVISTA COMPLETA:

Este es un extracto del programa semanal Actualidad Evangélica (Radio), producido por la Oficina de Prensa de FEREDE, en colaboración con Radio Encuentro (Radio Cadena de Vida), y que puedes escuchar completo pinchando aquí.

Fuente: Actualidad Evangélica

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