EDITORIAL
Cuando el elogio pasa desapercibido
Entre tantas críticas injustas, los evangélicos a veces olvidamos reconocer las palabras justas y valientes que nos retratan con objetividad.

Comentario de Rubén Amón en Espejo Público, esta mañana
(Redacción, 23/12/2025) Acostumbrados al tratamiento que suelen dispensarnos los medios españoles, los cristianos evangélicos vivimos, casi sin darnos cuenta, en permanente estado de alerta. Hemos aprendido a reaccionar con rapidez ante cualquier comentario despectivo, tergiversado o simplemente ignorante que se vierta sobre nosotros en tertulias e informativos. Pero esa misma actitud defensiva, comprensible por otro lado, puede cegarnos frente a algo inusual: cuando alguien habla bien de nosotros.
Eso mismo acaba de ocurrir. Hace apenas unos minutos, el periodista Rubén Amón, colaborador habitual de Espejo Público (Antena 3), deslizó en plena tertulia una observación tan breve como certera. Se debatía sobre el absentismo laboral y los abusos detectados en algunos sectores, un tema al que los empresarios españoles han vuelto a prestar atención por los niveles de fraude documentados.
Ante la comparación de un experto, que señalaba que los índices de absentismo en España superan de largo los de Reino Unido, Suecia o Alemania, Amón apuntó sin rodeos: “son países protestantes”, dijo, subrayando que “la conciencia y la responsabilidad respecto al trabajo es muy superior a la que tenemos en los países mediterráneos”. No lo mencionó explícitamente, pero todos comprendimos la contraposición: una cultura protestante frente a otra de raíz católica.
Este no es un comentario aislado en su trayectoria. Rubén Amón ya había sorprendido por su mirada ecuánime hacia el protestantismo, especialmente en España. Su artículo en El Confidencial sobre el crecimiento de las iglesias evangélicas en la Comunidad de Madrid destacó precisamente por lo que falta en tantas otras piezas: rigurosidad, respeto y elegancia narrativa.
Cierto es que una golondrina no hace verano. Persisten los prejuicios, las caricaturas y las miradas deshonestas en buena parte del ecosistema mediático; y seguiremos denunciándolos con verdad y perseverancia, como corresponde. Pero también es justo —y necesario— celebrar cada vez que se nos trata con justicia, rigor y respeto. No pedimos privilegios; solo el trato digno que debería darse por descontado.
Curiosamente, nadie ha llamado aún a la oficina de prensa de FEREDE para comentar o celebrar el gesto de Amón. ¿Será simple despiste? ¿O será que ya nos hemos acostumbrado tanto a la injusticia que olvidamos aplaudir lo justo?
Ojalá 2026 nos regale más comentarios como este: palabras que reconcilian, gestos que dignifican, y miradas que reconocen lo que somos más allá del prejuicio. Porque esas también merecen ser noticia.
Fuente: Espejo Público (Antena 3) / Redacción: Actualidad Evangélica












