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APRENDER A DESAPRENDER / por JUAN MANUEL QUERO
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"El pastor cristiano de una iglesia es «otra oveja del rebaño», pero con esa función o ministerio de pastorear, buscando que todos nos sometamos a Cristo. «Las ovejas» no son propiedad de nadie, ni de pastores, ni de iglesias, ni de otros..."

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Ministerio Pastoral, acuarela de Oxana Agapieva (24/06/2020). Regalo de la autora, en el día del Ministerio Pastoral. Es propiedad de Juan Manuel Quero.

(JUAN MANUEL QUERO, 31/05/2024) | La Biblia utiliza figuras retóricas para explicarnos como es el pueblo que formamos, aunque la más general es la del . Nos hace ver que todos somos «ovejas de su prado», pero que cada uno debemos de tener nuestras responsabilidades como parte del mismo.

Nadie es más importan­te que otro en cuanto a grandeza. Pablo diría que somos un cuerpo con distintas funciones, pero «el jefe», la cabeza, es Cristo (Colosenses 1:18). Jesús es el Buen Pastor del rebaño. «14 Yo [Cristo] soy el buen pastor; […] 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.» (Juan 10:14, 27-38).

El pastor cristiano de una iglesia es «otra oveja del rebaño», pero con esa función o ministerio de pastorear, buscando que todos nos sometamos a Cristo. «Las ovejas» no son propiedad de nadie, ni de pastores, ni de iglesias, ni de otros; pues somos solamente de Cristo cuando nos convertimos en sus hijos, en sus discípulos. Muchas sectas intentan susti­tuir a Cristo, suplantándole por una persona que elevan casi, o totalmente, a [la categoría de] “dios”, o a cierta iluminación especial. Incluso en el catolicismo romano se entiende que el Papa es el vicario de Cristo en la Tierra, y que los obispos son los vicarios del Papa, y que los sacerdotes son los vicarios de los obispos. Por ello, es que esto conllevará otras funciones o competencias a los sacerdotes, que podrán absolver pecados o impartir sus propios sacramentos con todo lo que ello implica en su propia pastoral.

En lo anterior, aparecieron nombres que, si bien algunos pueden ser sinónimos de la figura pastoral, otros tienen otros significados eclesiológicos con una proyección teológica distinta, dependiendo de los contextos y funciones ministeriales. Es frecuente escuchar o leer en los medios de comunicación graves errores al hacer referencia a los pastores, así como en doblajes de películas o documentales extranjeros que traducen los términos de forma equivocada.  Es fácil que se presente al pastor de una iglesia como el padre, o con otros términos que no son del uso en las iglesias evangélicas protestantes. Por ello, espero que estas líneas puedan ayudar a «aprender a desaprender» los usos inadecuados para referirse a los pastores y entender sus funciones de manera más correcta. Para ello, sería recomendable enumerar los nombres que se suelen dar al que desarrolla la tarea pastoral en una iglesia, que serían los siguientes: pastor, reverendo, obispo, apóstol, anciano o presbítero, obrero, siervo, misionero, ministro de culto, cura, párroco, sacerdote, padre.

PASTORES: Es el término más usado para definir a las personas que tienen unas funciones de guía y cuidado de la congregación. Este se encuentra en el Evangelio y en el desarrollo de la iglesia que vemos en la Biblia. Pueden ser hombres o mujeres, aunque hay algunas iglesias que por su concepción ministerial solamente admiten que sean hombres. Este nombre, que es muy propio de las iglesias evangélicas o protestantes en general, también suele usarse en otras confesiones, resaltando más una función determinada.

REVERENDOS O REVERENDÍSIMOS: Este apunta más al tratamiento de cortesía con el que algunas iglesias se resalta una dignidad eclesiástica, siendo la que es más alta la de reverendísimo, como es el caso de obispos o cardenales. En el ámbito de la Iglesia Anglicana, así como en la Iglesia Luterana, suelen aplicarse también. El término de «reverendo» también suele estar muy generalizado en EEUU para los pastores de las iglesias evangélicas. Sin embargo, en la Biblia estos términos no aparecen para referirse a los que dirigen las iglesias o tienen una labor pastoral. En relación a esto, habría que considerar la autoridad que ha de tener un pastor o ministro evangélico. Se supone que cuando se designa a alguien como la persona idónea y con las capacidades dadas por Dios, hay que reconocerlo para que sirva. Autorizar para el servicio es darle autoridad para ejercer, pero evidentemente siempre en la sujeción que supone el llamamiento y el servicio que Dios respalda, sea reconocido. Autorizar, nos lleva a dar autoridad, pero no a ser autoritarios.

OBISPOS: Hay pastores que prefieren presentarse o que son nombrados obispos, pero esto se presta a confusión. Aunque sí que es un término bíblico que se aplica también a la figura del pastor. Se asigna también este nombre en las iglesias episcopales que tienen un gobierno o estructura jerarquizada. Normalmente, en el ámbito evangélico cuando se habla de obispo conlleva la idea de «supervisor» o de estar pendiente de la congregación, que es el significado bíblico de este nombre.

APÓSTOLES: Este nombre conlleva ya una variante importante. Se hace con ello referencia a los 12 apóstoles que anduvieron con Jesús y que constituyeron la base de la iglesia para su desarrollo. No obstante, sobre este concepto también se abre una complejidad funcional y de rol ministerial. Para aquellos que son continuistas en sus concepciones de los ministerios, admitirán que el apostolado sigue siendo una labor pastoral en la actualidad. Implicará la coordinación de pastores e iglesias en diferentes lugares donde el apóstol, por su servicio e implicación en la formación de estas iglesias, estará reconocido como «pastor principal», una especie de «primus inter pares», con una autoridad especial entre los pastores de la organización donde tiene este reconocimiento. Otra acepción es la de «enviado», que conlleva la idea de «misión», por lo que en algunos aspectos este puede hacer referencia la obra misionera. Teniendo esto en cuenta, no hay que confundir «iglesia apostólica» con la idea de que se organiza con apóstoles porque, en este caso, la iglesia designa con este nombre el cometido de misión.

ANCIANOS O PRESBÍTEROS: Estos son nombres de origen sinonímico, que desde el griego se pueden traducir al castellano de esta forma, aun teniendo la misma etimología. Aquí el enfoque se da más en la dirección o administración. En el mismo Antiguo Testamento ya encontramos la responsabilidad del anciano sobre tribus o clanes, destacando ese enfoque más administrativo de justicia o gobierno. El gobierno o consejo de ancianos llegó a institucionalizarse como un modelo administrativo muy importante en la antigüedad, conocido como gerusía, o gerontocracia. Es también asignado a pastores que tienen una responsabilidad sobre la congregación de cuidado y decisión. Si bien este nombre se aplica en la Biblia tanto a pastores u obispos, es más propio en algunas congregaciones que no tienen un pastor designado sino un cuerpo de ancianos, o bien tienen un pastor con un consejo de ancianos de apoyo o dirección, según los modelos eclesiológicos.

OBREROS, SIERVOS, MISIONEROS: Los dos primeros nombres están un tanto descargados de esa aureola hierática, o de sentido sagrado que suele darse a otros nombres. Son muy generales y se aplican no solamente a todas las personas que ejercen una labor pastoral, sino que también son usados para designar a quien realiza un trabajo cristiano. Especialmente se destaca el de obrero, como aquél que ha de ser enviado a la «mies». Precisamente, en los evangelios se destaca que se necesitan más obreros porque la mies es mucha y los obreros pocos (Lucas 10:2). Trabajar es también un término bíblico que ha de asumir todo cristiano, y en especial los que presiden en diferente áreas, y especialmente la pastoral: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece […]» (Juan 6:27). Hay que orar, pero si se ora y no se trabaja ocurre como con la fe respecto a las obras, que es muerta (Santiago 2:17). Por otro lado, misioneros son los que han sido enviados y son reconocidos y respaldados por una iglesia, conjunto de iglesias, o una denominación o institución cristiana. Estos misioneros pueden ser evangelistas, obreros, siervos o pastores, dependiendo del cometido.

MINISTROS DE CULTO: Dentro de este epígrafe podrían estar todos los que ejercen un servicio cúltico, entrando todos los que hemos mencionado anteriormente, siempre que sean reconocidos por la iglesia donde sirven. Se entiende el nombre de «Ministro» no como de jefe, sino de siervo «que ministra». Este es un término más bien legal, para dar entidad jurídica, y que permite dar cabida a todos aquellos que asuman un liderazgo que necesiten de esta cobertura: «A efectos legales, son ministros de culto de las Comunidades pertenecientes a la FEREDE las personas físicas que estén dedicadas, con carácter estable, a las funciones de culto o asistencia religiosa y acrediten el cumplimiento de estos requisitos, mediante certificación expedida por la Iglesia respectiva, con el visado de la Comisión Permanente de la FEREDE.»[1]

CURA, PÁRROCO, SACERDOTE, PADRE: Estos nombres son muy propios de la eclesiología o teología de la Iglesia Católica, que si bien encierra un ejercicio pastoral, tienen otras funciones que distan bastante de lo que se cree en el ámbito de las iglesias evangélicas. No entramos aquí en la teología o en la eclesiología católica porque, ni tenemos el espacio ni es el tema ahora. Los tres primeros nombres mencionados tienen un significado interesante, que en parte puede ser aceptado en el ámbito pastoral del pueblo evangélico. La pastoral supone una «cura» de almas y, además, si nos circunscribimos a la zona que se atiende y se encuentra la congregación, se podría hablar de párroco, aunque sea muy poco común. Por otra parte, el sacerdocio evidentemente lo han de ejercer los pastores, así como todos los cristianos en general (1ª Pedro 2:9-11). Este era uno de los principios de la Reforma Protestante, un sacerdocio de todos los creyentes, ya que el Sumo Sacerdote es Cristo y todos hemos de servirle cuando somos sus discípulos. Este término, deja de tener un sentido de intermediación para llegar a Dios, ya que esto lo asume solamente Cristo, el único mediador entre Dios y los hombres. El último nombre, «padre», no se suele aceptar en el ámbito evangélico para referirse a intermediarios, por entender que incluso la misma Biblia prohíbe esta designación (Mateo 23:9). Este parece establecer un sentido de mediación o de sujeción extraordinaria. Aunque se entienda que encierre la idea de «tener hijos espirituales», esto requeriría otra profunda reflexión (1ª Timoteo 1:2), pues hemos de hacer discípulos de Cristo, pero no discípulos nuestros.

Juan Manuel QueroEs interesante observar que los diferentes nombres que se dan entre los evangélicos o protestantes, a aquellos hombres o mujeres que ejercen una pastoral, encierra una amplia complejidad. Será más fácil entenderlo si de forma más amplia vemos en toda esta nomenclatura referida, aspectos diferentes que suman características de lo que es la pastoral: cuidado, servicio, curación, guía, administración de la misión, supervisión, etc. Es por ello, que muchas veces estos nombres se intercambian para las mismas personas que encontramos en la Biblia (Hechos 20:17, 28; Tito 1:5-7; 1ª Pedro 5:1-4). En definitiva, ser pastor es una tarea hermosa pero, al mismo tiempo muy complicada, y solamente es posible cuando hay llamamiento de Dios y este es reconocido por la iglesia donde se sirve.

*** Notas:

[1] Artículo 3 del Acuerdo de cooperación del Estado español con la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España. Ley 24/1992, de 10 de noviembre.

Autor: Juan Manuel Quero Moreno


© 2024. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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