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OPINIÓN / RUBÉN SARAVIA CONTRERAS
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"La Iglesia debe ser guiada por gente muerta a sí misma; libres del materialismo y de la vanidad prevalentes en este siglo..."

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Foto de Loïc Fürhoff en Unsplash

(RUBÉN SARAVIA, 19/03/2024) Cualquier persona puede ser un excelente miembro en una iglesia, y no obstante trasmitir permanentemente lo negativo en el trato personal hacia otros.

El título de este artículo se refiere a la actitud que es fácil manifestar desde la religión cuando usamos asuntos aparentemente espirituales para imponernos sobre otros, no mostrándoles amor sino superioridad, actitudes que alimentan nuestro propio ego, lo que es contrario al espíritu de Cristo que nos llama a ser humildes en vez de buscar estar por sobre los demás. Estas actitudes tienen una amplia gama de expresión, desde formas cotidianas en las que cualquiera se puede dejar llevar, hasta líderes que se vuelven como dioses para sus seguidores. Nos centraremos en las primeras, porque ninguno está exento de incurrir en ellas, y lo haremos con el fin de aplicar la advertencia de Jesús de cuidarnos la levadura de los fariseos, que daña el testimonio de Cristo en nosotros.

Un Antecedente Bíblico: La gran lucha de Pablo en su ministerio fue contra los judaizantes, de los cuales algunos habían sido fariseos (Hech. 15:5), ellos querían imponer que todos los gentiles convertidos al cristianismo se circuncidaran y guardaran las tradiciones judías. Por esto se realizó el Concilio de Jerusalén donde prevaleció el criterio de que los gentiles no debían judaizarse.

Podemos entender que los judíos y fariseos convertidos al cristianismo se mantuvieran guardando sus tradiciones y ritos ya que Jesús dijo que no vino a abrogar la ley, pero cabe aquí preguntarse ¿Por qué esos judíos cristianos se creyeron con derecho a imponer su forma de vida y tradiciones a los que no tenían ese origen? Y ¿cómo se aplica ese problema a nosotros hoy? Tenemos la tendencia a dejarnos llevar por las apariencias, y con ello, llegar a la hipocresía de hacernos maestros del bien sin vivir lo que enseñamos, tal como Jesús lo denunció de los fariseos y Pablo confrontó en Romanos 2 (ver especialmente los versos 17 al 29). La forma humana de llevar la religión tiende a conformarse con las apariencias, y se siente satisfecha de enseñar a otros lo que deben hacer.

¿Cómo es posible que Pablo, quien fuera tan apegado a la religión judía en su época de fariseo, haya sido el mayor opositor a los judaizantes? En la respuesta a esta pregunta está la clave del Evangelio que todos debemos comprender.

Pablo exponiendo la actitud judaizante en la que incurrió Pedro en Antioquía, en Gálatas 2, termina declarando su propia forma de vivir el Evangelio: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más Cristo vive el mí…”. Por medio de todas sus cartas podemos descubrir que Pablo está muerto a las obras de la ley, a la auto-justificación. Él sabe que no hay nada en su forma de vida que pueda aportar para su salvación ya que está obra gloriosa la ha recibido solo por su fe en lo que Cristo hizo. Su carne o ego lo reconoce  vencido por la gracia de Dios hacia él. Por eso, no va a incurrir en la costumbre farisaica de imponer conductas a otros para ser salvos, su propósito es que todos conozcan la locura liberadora de la cruz de Cristo.

Los judaizantes que no se dejan transformar por el poder justificador de la cruz, son los que se dedican a enseñar e imponer externalidades que contrarrestan el Evangelio que Pablo predica. Nosotros hoy, nos debatimos entre ser cristianos de formas y que se dedican a enseñar esas formas, o personas que disfrutan el evangelio y lo trasmiten donde andan.

Disciplinas espirituales: Orar, leer la Biblia, tener un devocional matutino, dar de nuestra economía para la obra de Dios, evangelizar, discipular a otros, servir en la iglesia, todas son cosas muy buenas, pero ¿cuántas veces el que las practica las ocupa para presionar a otros a que hagan las cosas tan bien como él las hace? No es extraño que los mensajes de la predicación o de ciertos estudios “bíblicos” se centren en el deber hacer, porque es más cómodo para el ego exhortar acerca de conductas, más aún si el que está enseñando se puede poner como ejemplo. Pero otra cosa es predicar el evangelio, las buenas noticias de Jesucristo; por el cual mi yo está muerto a la autosatisfacción, y la vanidad. Si hay algo bueno en mí, es por él, él es el centro, no nuestro ego. Y en vez de enseñar lo que deben hacer, enseño lo que es Cristo y su cruz para todos los que en él confían.

Qué contradicción o qué muestra de la hipocresía religiosa es ver que las disciplinas espirituales como las mencionadas pueden ocuparse para fortalecer nuestro ego, cuando debieran producir el efecto contrario. Preguntémonos ante Dios si al hacer lo que hacemos, crece en nosotros la hipocresía o la humildad. ¿Queremos que nos vean a nosotros o vean a Cristo? Por eso no hay que desear ser maestros (Stgo.3:1), ser un palabrero, (en griego un spermologos) es fácil.

El mérito no es hablar bien, el mérito es trasmitir el mensaje correcto, y este no consiste en agravar la consciencia de los oyentes con cargas por cumplir, sino es dar gracia a los oyentes por una palabra liberadora, que acerca al expositor a quienes le oyen, porque se identifica con ellos, y sobretodo hace que ellos perciban que Dios, en su gran amor, se acerca a ellos, y todo esto motiva, estimula a que los receptores de la palabra quieran brindarle a Dios sus vidas en ofrenda de gratitud. Que este milagro ocurra más seguido en nuestros lugares de enseñanza.

La Biblia como medio de represión: Hay una tendencia a usar la Biblia como fuente de frases para cualquier ocasión, cuando se citan versículos sin tener una acertada comprensión del sentido de ese texto, y por tanto, al usarlos le damos el sentido que nosotros queremos darle. Hay libros y estudios en internet que nos hablan de textos fuera de contexto, y más que revisar ejemplos, la invitación es a que consideremos la situación cuando se cita la Escritura sin humildad, con soberbia, queriendo imponerse sobre otros, y preguntar: nuestro Dios y Padre ¿habla de esa manera? Acaso ¿no nos ha hablado por medio de Jesucristo? ¡Claro que es Cristo la Palabra de Dios! Y él tiene un tono, una forma, una ternura, un amor que le caracteriza. No deberíamos dar cabida a mensajes donde no oímos a Cristo.

La Biblia no es un instrumento para imponerse sobre los demás. Cuidado con acometer con versículos que interpretas a tu antojo para influir en la conciencia de los otros. La Biblia es para conocer a Cristo y si avanzamos en conocerle, le daremos  a conocer por nuestra vida que reflejará cada día más el carácter de Aquel que dejó el cielo para venir a servirnos y nos llama a ser como él.

En la historia y en la actualidad se constata que en los sistemas religiosos, a quienes más se oprime, vía infundir miedo, imponiéndose sobre sus conciencias son: a mujeres, los necesitados y los ignorantes. Son categorías muy diferentes, pero ellas ponen en evidencia que los fariseos se han mantenido vigentes pretendiendo adueñarse de la vida espiritual de las personas. Aquel que es hombre, líder religioso, tiene cierto poder y prestigio, tiene mayor argumento para mantenerse humilde ante Cristo siguiendo su ejemplo y reconocer que quienes nos respetan y siguen, le pertenecen a Él no a nosotros.

Logros: La mentalidad farisaica exacerbó una mala interpretación de las bendiciones de la obediencia expuestas en el Deuteronomio. Ellos llegaron a asumir que si a un judío le iba bien era porque era bendecido por Dios, y si a otro le iba mal es porque había recibido las maldiciones, que también están en Deuteronomio, como producto del pecado, fuera suyo propio o de sus padres. Por eso, fariseos y otros líderes judíos se esmeraban en mostrar bienestar y éxito, por medio de pulcritud en sus ropas, pompa y un estilo de vida que expresaba ser alguien privilegiado.

Hasta hoy existe un mal concepto de la palabra: “por sus frutos los conoceréis” que lleva a entenderla como: por la cantidad de logros podrás identificar cuánto Dios está con esa persona. En un mundo materialista y exitista, esa comprensión lleva a los creyentes en la dirección del mundo y es la misma que tenían los fariseos en tiempo de Jesús, es dejarse guiar por las apariencias. Pero el fruto del que nos habla el Nuevo Testamento  es espiritual, invisible para la mente natural, es la obra del Espíritu en las personas, que le permite vivir a Cristo por sobre sus circunstancias, esta realidad más profunda es la que debemos procurar conocer o discernir en otros, especialmente en los que nos enseñan. Aquellos que quieren ser enseñadores, deslumbrándonos con sus logros, ya están en una dirección equivocada.  La Iglesia debe ser guiada por gente muerta a sí misma; libres del materialismo y de la vanidad prevalentes en este siglo.

***

En síntesis, las tendencias farisaicas nunca han desaparecido de las iglesias, pueden estar en cualquier persona. El mismo apóstol Pedro se dejó llevar por ellas (Gál.2:11-21), el haber estado con Jesús aún mientras comía con publicanos y pecadores, no le libró de apartarse de comer con los cristianos que por su origen gentil eran vistos como impuros por otros cristianos de origen judío.

La discriminación y el sentirse superior se manifiesta hoy en medios cristianos, cuando unos pretenden imponerse sobre otros enfatizando ciertas conductas y hábitos, cuando ocupan versos de la Biblia sacados de contexto para regular caprichosamente la conducta de otros. Haciendo que se mantengan sujetos por miedo.

También el presentar logros cuantitativos como señal inequívoca del respaldo de Dios es una forma de distorsionar el mensaje de Cristo y oprimir a los oyentes con argumentos materialistas, en vez de liberarlos con el mensaje espiritual del evangelio que se identifica con los pobres, perseguidos, sufrientes y no exitosos según el mundo.

Es paradójico que el apóstol Pablo, quien fuera un orgulloso judío y celoso fariseo, al convertirse, dejara tan radicalmente su vieja vida de lado, con sus rigideces legalistas y escrúpulos estrictos, para pasar a compartir la mesa con personas de todo tipo de culturas, y comer de todo sin problemas de conciencia. Sin haber estado físicamente con Jesús, comprendió mejor el evangelio que es la expresión del amor de Dios para con toda la humanidad.

***

Autor: Rubén Saravia Contreras
Licenciado en Historia, Universidad de Chile
Ministro Ordenado por Las Asambleas de Dios
Correo: rubensaraviac@gmail.com 
Marzo de 2024

Ruben Saravia Contreras

© 2024. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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