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OPINIÓN / DAVID CASADO CÁMARA
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“Los cristales con los que la Sra. Roca Barea mira la historia [de España] la tiñen de un rosa subido que la hace irreconocible”

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(David Casado, 20/09/2022) El domingo día 11 por la tarde, la 2 de TVE emitió un documental que llevaba por título España, la primera globalización, coproducido por la propia TV y la Comunidad de Madrid, ocupando lugar de privilegio en su desarrollo la historiadora María Elvira Roca Barea.

El propósito declarado de este pretendido documental es el de convencernos de que la Leyenda Negra del imperio español es un mito. Para ello, empieza por ofrecer un motivo económico-monetario sobrevenido, cual fue la decisión china de modernizar su Hacienda Pública sustituyendo el pago en especie por el pago en plata y al contado. Cambio que hizo florecer el comercio entre América, Asia y España/Europa. Como prueba de ello afirma que nada menos que un tercio de la plata extraída en América fue a parar a China en pago de sus exportaciones. Todo muy bello: comercio, intercambios de todo tipo y pago con una especie de moneda que tenía valor universal, casi una divisa de hoy en día llegan a decir. Pero la realidad no es tan bella, pues si bien es cierto que alrededor de Potosí (Perú) y de Méjico, los principales productores de plata, surgieron comerciantes y hubo riqueza, los 2/3 restantes fueron a parar a España. Y las cantidades extraídas son enormes: según los cálculos de Gunder Frank, la producción de plata americana desde el siglo XVI al XVIII alcanzó la cantidad de 1.177.000 toneladas; de las cuales, según el porcentaje antes citado, 785.000 toneladas fueron destinadas a sufragar las necesidades dinerarias de la corona española para mantener en pie y acrecentar el andamiaje del imperio.

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La escritora María Elvira Roca Barea en el documental: "No sé por qué en Ginebra se puede levantar un monumento a Calvino y aquí en España no se podría hacer lo mismo con Torquemada"

No seré yo quien niegue la importancia y el mérito que tuvo el descubrimiento de América, el océano Pacífico y las diferentes rutas de navegación que consiguieron conectar Europa y América con Asia. Ni que ello supusiera una globalización de alcance hasta entonces desconocido. Pero los cristales con los que la Sra. Roca Barea mira la historia la tiñen de un rosa subido que la hace irreconocible. Que España dejara en los territorios conquistados como señas de identidad su idioma y su religión no es prueba de un hacer amable o bondadosa integración. Es, como en el caso de los restantes imperios, incluidos los anteriores a Roma, el resultado de su hegemonía. Una hegemonía que se impone en base a una superioridad económica, cultural y militar, además de con la colaboración de las élites locales, a las que se atrae ofreciéndoles una parte del pastel y la posibilidad de seguir teniendo cierto poder en sus territorios. Una hegemonía inevitablemente bañada en sangre, como muestra la historia de todos y cada uno de los imperios que en este mundo han sido, son y serán. Asiria, Alejandro Magno, Roma, el británico y los USA (quizás el que menos las necesita de todos ellos) no realizaron sus campañas militares solo con tropas nacionales; todos se sirvieron de tropas, auxiliares y no auxiliares, recabadas de los territorios sometidos. Pero ello no les exime, como pretende Roca Barea, de la responsabilidad de las masacres llevadas a cabo para conseguir sus propósitos.

Trailer promocional de "España, la primera globalización". El documental se estrenó en octubre de 2021. RTVE lo reproduce en estos días y puede verse en su web hasta el 26 de septiembre de 2022

LA HEGEMONÍA IMPERIAL ESPAÑOLA

Y es que el asunto de la hegemonía imperial española ni se menciona en el pretendido documental. Pero no es de extrañar si tenemos en cuenta la idea que esta historiadora tiene acerca de lo que es un imperio. Imperio es, según afirma en su libro (pág. 16): “una organización política independiente que tiene al menos un millón de kilómetros cuadrados”. Cierto que la matiza indicando que es una definición desde el punto de vista extensivo, pero esta matización es solo una pirueta dialéctica para dejar de lado lo decisivo de un imperio: su ideología de conquista y dominio. Ideología que constituye su propia naturaleza y que alimenta con la inevitable secuela de sufrimiento y masacres, así como la rapiña de los recursos ajenos, pues no hay estados convertidos en imperio sin haberlo pretendido. Nunca han surgido de una mera actitud defensiva frente a terceros ni por despiste, como pretende Roca Barea en su obra citada. Una definición de imperio que no estuviera pasada por sus gafas de cristales de color rosa, a fin de proclamar la ilusoria bonhomía de los imperios, vería en la siguiente definición una mucho más ajustada a la realidad: “un imperio es una formación político-territorial que se asigna a sí misma el objetivo de ensanchar continuamente sus propias fronteras y de someter al resto del mundo, hasta hacer coincidir su propia extensión con la del mundo conocido”. [1] Pero, claro, si la adopta, su hipótesis deviene en imposible.

NEGACIONISMO Y DIFAMACIÓN DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Pero ya no se trata solo de ver la realidad con gafas de cristales color rosa y tampoco de omitir, sino también de negar. En el documental, ni una palabra sobre el maltrato a los indios y los esclavos, la mano de obra barata de minas y plantaciones que tan pingües beneficios reportó, al punto de que todo ello fueron meras invenciones. Hasta el punto de negarle a Fray Bartolomé de las Casas cualquier legitimidad para denunciarlo. Según ella, Las Casas fue un ignorante que se dejó engañar por rumores y habladurías y, además, un mal académico, puesto que sus denuncias no fueron otra cosa que una especie de tesis para el debate repletas de gigantescas y masivas hipérboles, que los protestantes no supieron interpretar pero que aprovecharon para crear la Leyenda Negra.[2] Para hacernos una idea de quién fue en realidad Fray Bartolomé de las Casas, basta comparar su opinión sobre él con la de Alfonso Maestre Sánchez, quien lo define así: “la obra de Las Casas sobre este tema, […] que tanto indignó al virrey don Francisco de Toledo, junto con el resto de sus opúsculos, tratados e historias, demuestran que Las Casas fue un humanista erudito con una notoria preparación intelectual”[3].

LA ESPAÑA "MÁS PAPISTA QUE EL PAPA" Y EL CELO EJECUTOR DE SU INQUISICIÓN

He dejado para cerrar este artículo un aspecto que me toca muy de cerca a causa de mi fe: el del protestantismo. Bueno, el del protestantismo y también el del catolicismo, porque de ambos se habla en el pretendido documental. Del último, para decir que es el gran legado de España a la humanidad, como ya he dicho. Pero también para mostrarse más papista que el Papa cuando remacha lo anterior afirmando con toda la rotundidad del mundo que, si no hubiera sido por España, el catolicismo sería hoy pura entelequia. Aun cuando estas afirmaciones tienen lugar en los compases finales del documental, son la clave para entender cuanto dice al principio sobre el protestantismo y los protestantes.

De la Inquisición se afirma que para cuando España la introdujo ya existía en otros países europeos, lo cual es cierto. Lo que no se ajusta a la realidad es el número de condenados a pena capital, ya que cifran en 1.500 los ejecutados entre 1540 y 1700. Y no lo es porque los años de mayor número de condenados se dan al inicio de su actividad. De ella, los autores contemporáneos de su fundación, acaecida en 1478, dicen que entre 1480 y 1490 fueron ejecutados 2.000, de los cuales sólo 1.000 lo fueron en Sevilla entre 1481 y 1.524, añadiendo Leandro Martínez Peña que “aun tomando con reparo estos datos, los propios registros inquisitoriales que se conservan ofrecen una imagen terrible respecto de la intensidad de la aplicación de la pena de muerte en estos primeros tiempos”.[4] No está mal la operación practicada por los cristales de color rosa: se excluyen del cómputo los años con mayor número de condenados a muerte. La segunda operación consiste en tergiversar la finalidad de la inquisición, pues, según afirma, fue creada para que el delito de intolerancia religiosa esté sometido a un proceso legal. Pues con todo el respeto, aquí sí que podríamos preguntar si se trata de insolvencia o de mala fe, porque el hecho de que los procesos estuviesen más o menos reglados y hasta hubiera un secretario que, cumplidor él, tomaba nota con total frialdad y asepsia de los ¡Ay! ¡Ay! que proferían los torturados, ello no autoriza a confundir los medios con el fin de la institución. La finalidad de la inquisición fue, sencillamente, la de reprimir la disidencia religiosa[5], la cual alcanzaría con el transcurrir del tiempo la disidencia social y política, motivo por el que se abolió en España más tarde que en ningún otro país de Europa. La tortura generalizada practicada por esta institución y el escaso número de absoluciones no tienen nada que ver con que el proceso estuviera sujeto a normas, normas que, por otro lado, permitían una gran discrecionalidad a los inquisidores.

No es mi intención entrar en una guerra de cifras acerca de los protestantes condenados por la Inquisición, ni siquiera de los ajusticiados por otras “herejías” o causas varias. Entre otros motivos, por la existencia de penas alternativas, también terribles, como las confiscaciones y el envío a galeras, y su capacidad legal para atemorizar a las gentes. Y por la facultad omnímoda de los inquisidores para iniciar los procesos, que, unida al secretismo de las pesquisas, a la no comunicación de los cargos al sospechoso, quien debía autodelatarse; a la presión social generalizada para obtener delaciones de terceros, familiares incluidos, así como la tergiversación de frases o hechos para apoderarse de procesos que en principio no les correspondía, generaron un clima de terror tal que aun la mismísima Teresa de Jesús llegó a temer lo que le pudiera suceder. Prueba de ello es la famosa queja de Teresa de que corrían tiempos recios, como muestran los procesos de Fray Luis de León, del arzobispo Carranza y su círculo de conocidos, sin olvidar a Luis Vives, que, de forma similar a Teresa de Jesús, llegó a decir aquello de “tiempos difíciles los nuestros, en que no podemos hablar ni callar sin peligro”.

¿TORQUEMADA, EL CALVINO ESPAÑOL???

En su inquina antiprotestante, Roca Barea hace de Torquemada, primer inquisidor general, un aprendiz de Calvino y se queja de que este tenga en Ginebra un gran monumento, mientras que si aquí se tratara de levantar uno a Torquemada, aunque fuera muy pequeñito, los promotores tendrían que salir del país. Según ella, Calvino ajustició a muchísimas más personas que la Inquisición cuantitativa y porcentualmente, ya que Ginebra contaba entonces con unos 10.000 habitantes.

Personalmente, Calvino no es el reformador que mejor me cae, y ello porque por su rigidez echó sobre él y el protestantismo la mancha de la ejecución de Miguel Servet, cuando este ya había sido condenado y quemado en efigie por la inquisición francesa el 17 de junio de 1553. Puede que hubiera algunos más porque en la época de Calvino coincidieron intereses más políticos que religiosos, lo cual hizo de Ginebra una ciudad levantisca, pero en ningún sitio he encontrado nada parecido a lo que Roca Barea dice de él.

EL DESPRECIO DE ROCA BAREA A LUTERO, CONTRA TODA REALIDAD

De Lutero dice Roca Barea, despreciando la realidad, que solo fue un buen criado de los príncipes antagonistas del proyecto europeo de Carlos V. Parece olvidar que el proyecto europeo de Carlos V no era otro que reafirmar el viejo orden imperial bajo su persona y que la oposición que suscitó no fue solo la de los príncipes alemanes, sino la de los grandes actores de la época, Francia e Inglaterra y también Austria y la propia Roma, que aspiraban a lo mismo, más la de algunos otros actores de segundo orden como ciertas ciudades suizas y algunos territorios italianos.

Pero volviendo a Lutero, hemos de decir que si de alguna forma se entendió a sí mismo fue como hombre religioso. Y como religioso al que, a diferencia de sus colegas, los remedios al uso (penitencias, obras, etc.) no le satisfacían, por lo que experimentó una profunda lucha interior hasta descubrir la gratuidad del Evangelio. Hasta que se convenció que su salvación no dependía de lo bueno que fuera o de las cosas buenas que hiciera, sino que dependía de la justicia que Dios graciosamente le concedía por medio de la fe en Jesucristo. Por supuesto que no todo quedó ahí, ya que hubo una vertiente política. Como ciudadano entendió que el ser humano participaba de dos mundos, de dos esferas: la religiosa y la civil, que, consideraba complementarias, al punto de afirmar que a un cristiano cabal no debería precisar de leyes porque de suyo no las transgrediría.

La realidad es que las implicaciones políticas de su tesis de las dos esferas, paradójicamente, no difería tanto del de las dos ciudades de Agustín de Hipona. La auténtica diferencia con este en el plano político es que, después de un largo itinerario personal, dejó de ver al Papa como cabeza de la cristiandad, tanto en lo político como en lo religioso, pero ambos coincidían en que el poder civil estaba para corregir y castigar el mal, si bien se diferenciaban mucho respecto de la veneración del mismo. Baste leer lo que Lutero dice contra la autoridad civil y en su primer escrito a favor de los campesinos antes de que se levantaran en armas, en el que dice de sus artículos: son “tan justos y razonables que bastarían para hacer desaparecer vuestra honra [la de los nobles] ante Dios”.[6] Por lo demás, su persona y su obra, revolucionarias en el buen sentido del término por la importancia que tuvieron en ese movimiento magmático y nada planificado de la historia que finalmente desembocaría en la modernidad, son apreciadas hoy por multitud de eruditos, como muestra la siguiente afirmación: “pues una cosa resulta evidente, que Martín Lutero es uno de los personajes más extraordinarios que existen en la historia de Europa. A este respecto quisiera recordar la frase de Hegel en su Filosofía de la Historia Universal, cuando dice que Lutero supo llevar a cabo la tarea de aquel momento histórico”.[7]

¿EL PROTESTANTISMO IMPULSOR DE LA FUSIÓN IGLESIA-ESTADO???

La penúltima perla de Roca Barea a que me referiré es la afirmación de que el protestantismo produjo la fusión de la iglesia y el estado. Y me pregunto: ¿qué más fusión puede haber que la de que los reyes sean definidos por sí y por la iglesia como cristianos, y, en consecuencia, actúen como el brazo armado de la iglesia, recibiendo de ella el imperio? Porque eso es lo que ocurrió a lo largo de toda la Edad Media y en España hasta el siglo XIX, cuando menos. Basta mirar el corpus legal del rey Alfonso X el Sabio (1221-1284), denominado por el mismo como Las Siete Partidas.[8] Porque la primera de ellas está dedicada íntegramente a dar fuerza civil a las doctrinas, usos y costumbres de la Iglesia Católica.

No podemos hacer una relación detallada de los asuntos tratados en esta Partida, pero sí decir que se ocupa, entre otros muchos, de asuntos tales como la Santísima Trinidad, los siete sacramentos, de las excomuniones, de los beneficios de la iglesia, de los diezmos que se le deben y de la guarda de fiestas y ayunos. Pero hay una ley que no puedo dejar de mencionar, la LXXIII, que dice lo siguiente: “merecen sufrir gran pena los cristianos que no quieren creer o que los niegan, de modo que cualquier cristiano que no creyese lo que manda la santa Iglesia debe recibir la pena que reciben los herejes, de que hablamos en la séptima partida de este libro”. Según las Leyes I y II de esta última partida, herejes son aquellos que generan gran daño a la tierra porque tratan de corromper las voluntades de los hombres y conducirlos al error, motivo por el que deben ser entregados a los tribunales para ser ejecutados en la hoguera. Y así llegamos a la época de Carlos V, en que mediante idéntico procedimiento el emperador trató de ejecutar la bula de excomunión que el Papa León X emitió el 3 de enero de 1521 contra Lutero por herejía con el llamado Edicto de Worms, del 25 de mayo de 1521. No lo consiguió porque al término de la Dieta de Worms un elector lo libró de las manos del emperador. ¿De verdad fue el protestantismo el que inauguró la fusión de la iglesia y el estado?

¿LA REINA DE INGLATERRA Y LOS "JEFES" PROTESTANTES SON COMO EL PAPA???

La última perla a la que me referiré tiene que ver con la explicación dada a los televidentes acerca de quienes fueron los “jefes” de las iglesias protestantes. Con todo respeto he de decir que, por muy didáctica que quisiera ser, jamás debió haber identificado a la reina de Inglaterra y al resto de los “jefes” protestantes con el Papa. El desatino es de tal calibre que ni lo comentaré.

Que un ente público como es RTVE2 se avenga a producir y emitir semejante panfleto debiera causar sonrojo a sus directivos. Sabido es que La Reforma y aún la Leyenda Negra tienen partidarios y detractores, por lo que lo menos que se puede esperar de un documental que de verdad sea tal es que respete los diferentes puntos de vista sobre el tema a desarrollar. Y si no es suficiente uno, que sean dos o más, porque no son pocos los documentales que tienen varios episodios. Pero aquí no ha habido nada de eso. Sólo se le ha prestado el púlpito a Roca Barea y a algunos otros que se identifican con su pensamiento. Aunque no debiera ser, admitiría que Telemadrid, la voz de su amo en la actualidad, emitiese un documento carente de todo rigor histórico, pero que lo haga RTV2 me parece del todo inadmisible. Por lo que, si alguno de sus responsables ha tenido a bien leer hasta aquí, le ruego emitan un segundo documental sobre el particular dando voz al profesor José Luis Villacañas Berlanga, autoridad más que sobrada en la materia. Y pido a aquellas instancias evangélicas relacionadas con RTVE que le exijan otro tanto en nombre de la imparcialidad y debido respeto a nuestra historia y al protestantismo.

>> Puede ver el documental completo pinchando aquí (estará disponible hasta el 26 de septiembre 2022, según informa RTVE)

David Casado Cámara

David Casado Cámara es escritor protestante 

Autor: David Casado Cámara / Edición: Actualidad Evangélica

© 2022- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

*** Notas:

[1] Mario Liverani. Asiria, la prehistoria del imperialismo, pág. 15-16.

[2] M Elvira Roca. Imperiofobia y leyenda negra.

[3] Anales del Seminario de Historia de la Filosofía 2004, 21 91-134. El gran debate entre Fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, pág. 100.

[4] Más allá de la hoguera: penas no capitales de la inquisición española. Revista Estudios Institucionales, vol nº 7, pág. 197-203.

[5] Roca Barea sanciona la condición de delito de esta actitud, puesto que no se limita a hablar de la disidencia religiosa, sino que cada vez que se refiere a ella le antepone el calificativo de delito.

[6] José Luis Villacañas. Imperio, Reforma y Modernidad. Vol I. la revolución intelectual de Lutero, pág. 528.

[7] Adolfo González Montes. Fundamentos teológicos de lo político en Lutero, pág. 158. Conferencia pronunciada en las Jornadas hispano-alemanas sobre la personalidad y obra de Martín Lutero en el V Centenario de su nacimiento.

[8] Siete, porque en Jesucristo hubo siete dones del Espíritu Santo, siete gozos tuvo la virgen María con su hijo, porque de él recibimos siete sacramentos y siete peticiones nos mostró en el Padre Nuestro. Prólogo de la Primera partida o primer conjunto de leyes.

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