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POR ALFONSO PÉREZ RANCHAL

¿Triunfó el cristianismo por su intolerancia y fanatismo?

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"Lo que realmente da razón a esta extensión creciente del cristianismo fue tanto su propuesta social como la doctrinal."

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Batalla del puente Milvio, donde Constantino venció a Magencio y allanó su camino para proclamarse Augusto. Giulio Romano (1519-1524)

(Alfonso Pérez, 22/03/2022) De vez en cuando aparece algún artículo o libro en donde se trata el increíble aumento que experimentó el cristianismo en tiempos de Constantino, y se explica como resultado de una fuerte represión y persecución de todo lo pagano.

Debemos tener presente que cuando Constantino subió al trono de Roma en el 312 d. C. el tanto por ciento de cristianos en el imperio se calcula en aproximadamente un 15, esto es unos 9 millones. Cuando falleció 25 años después ya eran más de la tercera parte de todo el imperio y el número seguiría aumentando en años posteriores. Este crecimiento fue sin duda espectacular.

No sería hasta la Ilustración que para dar razón de este éxito se recurrió al argumento de que había sido consecuencia de la gran intolerancia de los cristianos ante lo pagano, apoyados por Constantino y los sucesivos emperadores cristianos. De esta forma, se habría producido una encarnizada persecución. Los paganos por su parte, eran tolerantes y apacibles y si se apuntaba a que estos habían perseguido con anterioridad a los cristianos, el mismo Voltaire contestaba que sí, pero que habían sido secundarias, sin mucha importancia y de poco alcance. Sencillamente, estas persecuciones [a los cristianos, según Voltaire] habían sido sobredimensionadas.

A partir de entonces esta opinión ha sido muy seguida, aceptada. Es más, se ve al paganismo como educado, tolerante y culto; al cristianismo como todo lo contrario.

Pero la realidad es que en el tiempo de Constantino los cristianos y los paganos pudieron convivir con relativa paz y los ataques de cristianos a paganos fueron pocos... dándose también en la dirección contraria. Además, tenemos en el Código de Justiniano -cuya segunda versión es del 534- lo siguiente: «Mandamos especialmente a aquellas personas que son sinceramente cristianas, o que tienen fama de serlo, que no deberían abusar de la autoridad de la religión y atreverse a poner violentamente las manos sobre los judíos y paganos que llevan una vida tranquila y no emprenden ninguna acción desordenada y contraria a la ley».

Realmente el paganismo no desapareció de repente, sino que lo hizo de forma gradual y esto con matices, ya que incluso en algunas grandes ciudades del imperio en las prácticas religiosas se daba una mezcla de paganismo y cristianismo.

Lo que realmente da razón a esta extensión creciente del cristianismo fue tanto su propuesta social como la doctrinal.

Social, en el sentido de que ahora la persona pertenecía a una comunidad en donde existía una relación real y en donde se ayudaban mutuamente. Se daba una verdadera hermandad entre sus miembros, que se traducía en el auxilio práctico, en el apoyo material y psicológico. Eran una familia, algo desconocido en la religiosidad pagana. Para esta todo trataba y se centraba en la asistencia al templo, en realizar ofrendas y poco más.

Doctrinal, porque tenían unas enseñanzas y un concepto de Dios más atractivas y superiores que la de sus vecinos paganos. Los dioses paganos no eran fiables, con frecuencia inmorales, limitados y alejados. Realmente la existencia de las personas no les interesaba, ellos estaban a lo suyo y al ser humano le tocaba padecer sus designios a menudo caprichosos. El cristianismo por su parte presentaba a un Dios cercano, es más, que se había encarnado para socorrer al ser humano, hasta tal punto se preocupaba por las personas. Además era fiable, amante, moral, digno de confianza y todopoderoso. Las diferencias eran enormes y la superioridad del cristianismo, una vez más, claramente manifiesta. Por si fuera poco, éste ofrecía una forma sencilla de salvación y además universal, esto es para todos. Esta salvación conllevaba una visión grandiosa de la otra vida. El ahora creyente se llenaba de esperanza viviendo una vida totalmente renovada gracias a una experiencia personal.

El cristianismo ya tenía su propia historia antes de Constantino, y si bien es cierto que hubo conversiones verdaderas en este tiempo, en otros casos la aceptación del cristianismo solo significó un cambio externo y para otros fue solo oportunismo para así tener más ventajas sociales y laborales. Esto nos lleva a tumbar otra falsedad como es que el cristianismo triunfó gracias a Constantino. Este emperador no ilegalizó el paganismo ni aceptó la persecución de aquellos que no eran cristianos, otra cosa es que favoreciera el cristianismo. No podemos dejar atrás este elemento enormemente relevante como son tantas supuestas conversiones que ahora pasaban a engrosar las filas del cristianismo oficial. Con ello se corrige ese error -a veces no lo es y parece realizado a propósito- de apuntar malas acciones e inmoralidades y hacerlas pasar como si fueran propias del cristianismo. En realidad nada tenían que ver con éste y se trataba de una degeneración o contaminación del mismo, algo que estaba muy lejos de aquellos primeros seguidores del Maestro de Galilea.

El escritor cristiano Eusebio sugirió que las masas cristianas se dieron a la destrucción de templos paganos, pero no pudo hablar nada más que de cuatro casos, y debemos tener presente que tres de ellos estaban dedicados a Afrodita y en donde se practicaba la prostitución ritual.

Además, los puestos más relevantes en el imperio eran los de cónsul y prefecto y Constantino siguió contando con paganos para ellos. En su corte también había algunos filósofos paganos y no quitó el dios Sol que estaba en las monedas. Por ello algunos han dudado –junto a otras razones- de que Constantino realmente se convirtiera aunque es mejor ver esto como una forma de mantener la paz en su reinado, lo que vuelve a indicarnos que este emperador era alguien bastante pragmático.

Esta posición la dejó perfectamente plasmada en el Edicto a los Provinciales orientales. Extraemos unas líneas: «Haz que quienes se deleitan en el error, juntamente con quienes creen, compartan las ventajas de la paz y la tranquilidad (...). No dejes que uno moleste a otro, haz que cada uno crea profundamente en aquello que su alma desea, déjale hacer pleno uso de esto».

Lo que se dio más bien fue una cultura pública en donde estaban presentes tanto elementos paganos como cristianos, algo que preocupaba a algunos creyentes, ya que lo que se produjo en algunos sectores fue un cristo-paganismo. Con el tiempo las fiestas paganas y cristianas se fundieron y todos las festejaban. Esto derivó también en mucha superstición popular ya que en un buen número de lugares de Europa se llegó a practicar el paganismo como magia, llegando esto incluso hasta la era moderna.

Fue de la mano de autores protestantes de los siglos XVIII y XIX que se distorsionó todo este tema con la evidente intención de pintar un pasado para la Iglesia lo más oscuro posible, algo, sea dicho de paso, que al presente algunos todavía pretenden realizar. Pero es más, la persecución sí que volvió pero fue de la mano de Juliano, llamado “el Apóstata”.

Juliano el Apóstata ejerció como emperador desde el 361 al 363 y algunos escritores en nuestros días lo presentan como alguien tolerante que intentó volver a los grandes valores paganos, pero que no pudo precisamente por los intolerantes cristianos.

Juliano tuvo una educación cristiana, aunque algunos de sus tutores eran paganos. Se inició en determinados cultos mistéricos, pero se hizo pasar por cristiano hasta el momento en que accedió al trono, mostrando entonces su fanatismo al concentrarse en volver a hacer del paganismo la religión oficial.

Si bien es cierto que Juliano no llevó a cabo persecuciones como las anteriores, no lo es menos que dio el visto bueno para que se realizaran torturas a algunos obispos y para que otros fueran desterrados, y miró hacia otro lado cuando en muchos lugares se llevaban a cabo ejecuciones sumarias de cristianos. Esto último pasó con el obispo de Alejandría y con otros muchos de aquel lugar.

Este emperador volvió a los sacrificios sangrientos de animales, que en ocasiones se llegaba al número de cien reses al mismo tiempo, además de recortar el dinero destinado a las Iglesias aportándolo a los templos paganos. Los cargos importantes pasaron a manos paganas.

De nuevo un gran temor cayó sobre los creyentes que pensaron que las antiguas persecuciones volverían. Solo estuvo en el poder 18 meses, al morir en combate contra los persas.

Se ha de decir que en numerosas partes del imperio los templos paganos estaban en activo todavía en el siglo Vl y algunos llegaron hasta el VIII. Incluso los edictos que realizaron algunos emperadores fueron contradichos en ocasiones por ellos mismos. Un ejemplo lo tenemos con Constancio, que mandó el cierre de todos los templos paganos para casi de inmediato mandarle al prefecto de Roma que se encargara de cuidar de los que había alrededor de la ciudad. Posteriormente incluso los visitaría y por todo el imperio los paganos -incluso hasta bien entrado el siglo V- continuaron con sus creencias sin mayores problemas. Finalmente estos templos acabaron cerrándose, pero no fue ni de forma repentina ni a causa de las persecuciones, sino por la propia decadencia de lo pagano.

Algunos apuntan a que fue en el reinado de Teodosio -esto es del 379 al 395- en donde se produjo la destrucción total del paganismo. Pero la realidad es que este mismo emperador escogió para los puestos de cónsules y prefectos casi el mismo número de paganos que de cristianos. No existió tal persecución y lo que todo indica es que el paganismo se fue apagando poco a poco, como ya hemos apuntado.

Pero no podemos obviar algo muy importante en este proceso, como fue el oportunismo. No pocos se pasaron a las filas cristianas como una forma de ascender en sus puestos y de acceder a otros, incluso muchos filósofos paganos hicieron lo propio llegando algunos a ser obispos de la Iglesia.

Otro punto esencial es que se produjo una asimilación del paganismo. Pagano significaba aldeano o campesino y fue después que tuvo una connotación religiosa, resultado de que el cristianismo llegó a imponerse en las ciudades, pero no así en los pueblos y aldeas. Estas personas del campo no se convirtieron realmente, sino que tomaron sus dioses, ritos y fiestas y las unieron al cristianismo en una especie de síntesis. Esta era la forma normal de proceder del paganismo que añadía los nuevos dioses e ideas religiosas y las asimilaba. Jesús y otros santos llegaron a formar parte del panteón local. A esto se unió la práctica de la Iglesia de adueñarse de los lugares de culto pagano y templos colocando en ellos altares cristianos y reliquias. También hicieron lo propio con otros lugares de peregrinación y devoción pagana. Ahora tenían una apariencia cristiana, pero un buen número de fieles que allí acudían seguían pidiendo y dirigiéndose a sus dioses de siempre. Con las fiestas paganas ocurrió otro tanto. La iglesia las adoptó y las adaptó. Los santos locales pasaron a sustituir a los dioses locales y toda esta mentalidad continuó en el tiempo entre los campesinos europeos. En realidad la Iglesia triunfó sobre el paganismo –aunque aquí hay que añadir algunos elementos esenciales ya mencionados más arriba- no por imposición, persecución o erradicación, fue sobre todo por aceptación y adaptación, aunque siempre hubo cristianos que se opusieron a esta asimilación y vieron con muy malos ojos esta tendencia.

Breve nota bibliográfica. Para no apabullar al lector recomiendo únicamente tres libros para ampliar todo lo que aquí se ha tratado. El primero de ellos se titula Falso Testimonio, de Rodney Stark y de la editorial Sal Terrae. Este conocido doctor en sociología trata específicamente este tema en el capítulo 3. Además de su buen hacer, apunta que este capítulo lo ha realizado teniendo presente las investigaciones de otros cuatro destacados historiadores como son: Timothy Barnes, Peter Brown, H.A. Drake y Ramsay MacMullen.

El segundo de los libros es Mártires y perseguidores, del historiador y filósofo Alfonso Ropero y de la editorial Clie. Se trata de una obra de referencia obligada, muy bien documentada. Pasa sobradamente las 500 páginas en un formato más grande de lo habitual lo que lleva a pensar que en uno más reducido estaríamos en torno a las 700 páginas. Este texto entra en detalles sobre cómo se realizaban las persecuciones, las formas tan terribles de tormento y el padecimiento de tantos cristianos cuyo único delito era precisamente su fe. Toda una contestación para Voltaire y tantos otros que ven el paganismo como tolerante y moral.

Por último, Under the Influence, de Alvin J. Schmidt y de la editorial Vida. Tiene traducción en español pero quien decidió cambiar el título sin duda tuvo días mejores: Impacto demoledor. Después con el subtítulo uno logra entender algo más: Cómo el cristianismo ha transformado la civilización. Este doctor en filosofía nos provee con esta obra mucha información valiosa, fruto de una profunda investigación sostenida en una muy amplia bibliografía. El balance de la influencia del cristianismo sobre la civilización occidental ha sido sin duda muy positivo.

 

© 2022- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

Alfonso Pérez RanchalAlfonso Pérez Ranchal es Diplomado en Teología por el CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas), Licenciado en Teología y Biblia por la Global University y Profesor del CEIBI. Vive en Cádiz.  

 

 

 

 

 

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