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SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Evangélicos y católicos valencianos recuerdan el acto valiente de una modista evangélica, que escondió a un cura párroco amenazado de muerte en 1936

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El cura párroco de Navarrés finalmente fue asesinado por revolucionarios anticlericales, pese a los esfuerzos de su vecina evangélica para protegerle. Este miércoles 19, en el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, evangélicos y católicos organizan un acto de homenaje que contará con la participación de la Alcaldesa de la ciudad.

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María, modista y artesana evangélica, escondió a D. Vicente, el cura párroco, de sus asesinos en la capilla bautista de Navarrés, en 1936

(VALENCIA, 17/01/2022) Dentro de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, la Archidiócesis de Valencia y el Consell Evangèlic de la Comunidad Valenciana (CECVA) han organizado un Acto de Reconocimiento y Homenaje al que fuera Cura Párroco de Navarrés, Don Vicente Sicluna Hernández, y a Dª María Calatayud Darocas, “La Jalmera”, quien durante 15 días le dio asilo en la capilla protestante de la Iglesia Evangélica Bautista de dicha localidad, antes de que el primero fuera martirizado durante la persecución religiosa de 1936.

Ellos con sus vidas nos enseñaron a vivir la fraternidad cristiana, superando el acentuado antagonismo religioso y la abierta discriminación de esa época; en definitiva, superando las barreras existentes entre quien fuera Cura Párroco de Navarrés y una cristiana protestante”, dicen los organizadores.

ACTO DE HOMENAJE

El acto de homenaje comenzará el miércoles 19 de enero a las 16:00 hs en el Cementerio Municipal de Navarrés, donde reposan los restos mortales de María Calatayud Darocas, “La Jalmera”, e incluirá entre otras actividades una visita a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde reposan los restos mortales del cura, D. Vicente Sicluna Hernández; visita a la Capilla protestante donde fue acogido el Cura Párroco de Navarrés; la visita a la fachada de la que fuera casa de María “La Jalmera”; y la celebración de un acto de reconocimiento y homenaje en el Centro Cultural, con la participación de autoridades civiles y religiosas, entre ellas la de la alcaldesa de Navarrés, Dª. Estela del Carmen Darocas Marín.

MARÍA “LA JALMERA”[1], UNA CRISTIANA BUENA Y COMPASIVA

“María era una persona decidida y valiente para quien su fe era una cuestión vital. Esa fe cimentó en ella una simpatía innata hacia sus semejantes más desafortunados, precisamente en un tiempo de severas carencias materiales. Ella ejercitó un espíritu compasivo, acogiendo en su propia casa a todo tipo de indigentes y necesitados”.

“María era modista y solía rodearse de mujeres que cosían como ella, de manera que aprovechaba muchos momentos para leerles pasajes de la Biblia. En medio de una sanguinaria persecución de clérigos y religiosos, y temiendo por su vida, el Cura Párroco de 77 años de edad dejó la casa abadía con su sirvienta. De su bien surtida biblioteca sólo quiso llevarse la Biblia, libro al que solía recurrir en esos momentos de desasosiego e incertidumbre. En su huida se refugió en casa de unos feligreses, pero a los pocos días, la familia de acogida ante el temor de ser denunciados le conminó a buscar otro refugio. Durante varios días la angustia del cura fue creciendo porque nadie quería acogerlo en su casa, todos a quienes recurría temían ser ellos mismos víctimas de los verdugos”. 

“Fue entonces cuando apareció María, una mujer de 45 años que pertenecía a la Iglesia Evangélica y le ofreció amparo en la capilla protestante, situada en la Calle del Estanco, hoy denominada Calle Ramón y Cajal. Era difícil sospechar que en la sede misma de los protestantes podría estar el representante de la Iglesia Católica. Desoyendo las voces prudentes que le advertían: ‘María, María, que te metes muy hondo’, para disuadirla de su arriesgada empresa, ella durante 15 días de manera disimulada llevaba comida a la capilla y hasta le hizo ropa de civil al cura creyendo que de este modo, si algún forastero le llegaba a ver, podría pasar desapercibido”.

“Los lazos entre el cura y María se fueron estrechando: hablaban de lo humano y también de lo divino porque ambos compartían idénticas creencias y creían en el mismo Dios; agradecido el cura por la protección y la generosidad de María le regaló lo único que poseía, su Biblia; el cura quería así corresponder a María por tantas muestras de fraternidad. Pero ni los desvelos ni la protección de María pudieron evitar que en la noche del 21 de septiembre apresaran al cura. Quizá resultaba difícil en una comunidad tan pequeña que alguien no acabara descubriendo el secreto de la capilla protestante y lo delatara”.

“Esa noche unos desconocidos armados aporrearon la puerta de la capilla hasta despertar a los vecinos; el cura septuagenario abandonó el refugio y se despidió de su sirvienta sabiendo ambos que era la última despedida. María al enterarse intentó ir en su ayuda, pero al llegar a la capilla encontró a la sirvienta entre llantos de desconsuelo. Nada pudo hacer y al día siguiente se enteró que había aparecido el cuerpo del párroco a poca distancia del pueblo vecino; le habían disparado a bocajarro y abandonaron su cadáver en la misma cuneta de la carretera para que pudiera ser encontrado”.

“Levantaron el cuerpo, el médico y el juez de paz del pueblo vecino, trasladando sus restos a lomos de una caballería hasta el cementerio próximo”.

UN GESTO OLVIDADO Y UN CORTEJO FÚNEBRE IMPEDIDO POR LA GUARDIA CIVIL

 “El gesto humanitario de María cayó prácticamente en el olvido al término de la Guerra Civil. Tan sólo quedó en el recuerdo de las pocas personas que la admiraron; en la Biblia que el sacerdote le había dado mientras le decía: ‘justos juicios de Dios, María’, y en una breve anotación en la lista de miembros de la iglesia evangélica donde aparece su nombre asociado al del párroco: ‘María Calatayud Darocas, recogió al párroco D. Vicente S….’.”.

“Tan noble acción no evitó el que, a su muerte en 1955, la guardia civil acudiera a su domicilio para impedir que se formara un cortejo fúnebre acompañando al féretro y a la familia. Sin embargo, la gente acudió en masa a las afueras del pueblo para unírseles tan pronto se retiraron los guardias”.

“D. Vicente encontró en María una buena cristiana, una cristiana compasiva. Ellos supieron superar las barreras existentes entre hermanos cristianos de diferente filiación religiosa. Un magnífico ejemplo de fraternidad cristiana que debe ser admirado, valorado e imitado por nuestra generación y las futuras generaciones”. (BIBLIOGRAFÍA: María “La Jalmera” (1981-1955), por Vicente Tarrasó Rey)

Fuente: CECVA / Redacción: Actualidad Evangélica

Notas:

[1] Un jalmero (oficio) era el antiguo diseñador y fabricante en piel de arreos y aparejos, fundamentalmente para caballos.

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