(Redacción, 05/05/2026) | Mª José García-Pelayo, alcaldesa de Jerez y presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), ha reafirmado el compromiso institucional de la ciudad con la libertad de conciencia y la diversidad religiosa durante una entrevista concedida a Ventana Evangélica, programa dedicado a la difusión de la cultura, historia y fe de la iglesia evangélica, realizada en el propio Ayuntamiento de Jerez. Tras recibir el premio «Unamuno, amigo de los protestantes», la regidora subrayó que su administración trabaja para dignificar a la comunidad evangélica, destacando hitos como la institucionalización del Día de la Biblia, con el fin de convertir a la casa consistorial en un símbolo de unidad y en la «casa de las libertades» para todos los jerezanos.
En su dimensión como líder nacional de los municipios españoles, García-Pelayo está proyectando la defensa de los derechos fundamentales más allá de las fronteras locales. Según explicó, desde la FEMP encabeza un eje de trabajo internacional junto a países como Italia, Portugal, Francia y Países Bajos para promover la libertad de culto en todo el marco europeo. La alcaldesa fue tajante al afirmar que los responsables públicos no pueden «ponerse de canto» o ser indiferentes cuando se cuestionan las libertades fundamentales o la libertad de culto. Bajo esta premisa, Jerez se ha consolidado como el primer ayuntamiento de Andalucía en celebrar oficialmente el Día de la Biblia cada 31 de octubre, un acto institucional que incluye la colocación de una pancarta en el balcón del Ayuntamiento como símbolo de protección y respeto a todas las convicciones.
Este compromiso político se traduce también en una ambiciosa apuesta por el patrimonio histórico a través de la creación de la Ruta del Protestantismo. García-Pelayo mostró su total disposición para que Jerez se convierta en la tercera ruta de la historia del protestantismo en Andalucía, sumándose al prestigio de ciudades como Sevilla y Córdoba. La propuesta busca poner en valor un legado tangible e intangible que se remonta a 1870, estrechamente vinculado a la industria del vino y a figuras internacionales como el futbolista Thomas Spencer. Entre los activos que la ciudad pretende divulgar se encuentran capillas históricas en bodegas, el cementerio protestante y el templo de la Iglesia El Salvador. Para la política jerezana, esta esencia espiritual y solidaria de la ciudad —definida por sus principios, sus valores y el deseo de ayudar al prójimo— es un valor que debe ser proyectado al mundo para atraer un turismo cultural y ético que desee conocer la identidad completa de Jerez.
En el ámbito de la acción social, la alcaldesa calificó de «impresionante» la labor de la Iglesia Evangélica, destacando su presencia en todos los rincones de la ciudad para ayudar a personas en riesgo de exclusión. Resaltó especialmente el impacto positivo del servicio de capellanía en el Hospital de Jerez, facilitado por acuerdos con la Junta de Andalucía, que permite ofrecer fortaleza espiritual y esperanza a los enfermos en momentos de soledad. García-Pelayo defendió que las alianzas entre la política y las comunidades religiosas son fundamentales para ser «más efectivos» en la mejora de la vida de los ciudadanos, reconociendo que la Iglesia «cuida de Jerez» y, por tanto, el Ayuntamiento tiene la obligación de cuidar de ellos.
Finalmente, en una vertiente más personal pero ligada a su responsabilidad pública, García-Pelayo se definió como una persona de fe, afirmando que sus convicciones le ayudan a afrontar los momentos difíciles y a no decidir desde el «egoísmo» o la conveniencia de cara a las urnas. Para la alcaldesa, la fe es saber que se tiene a alguien que te cuida y te protege, lo cual otorga una fuerza especial para enfrentar la vida. Explicó que este asidero espiritual le permite disfrutar más de los momentos alegres y hace mucho más llevaderos los momentos difíciles. Asimismo, aseguró sentir la «fuerza» de las oraciones que la comunidad realiza por ella y por la corporación municipal, lo cual le otorga la confianza y la tranquilidad necesarias para gestionar el «peso de la responsabilidad» que conlleva el gobierno de la ciudad. Saber que Dios la acompaña y que hay personas orando por su labor le permite tomar decisiones buscando siempre el bien común, con la certeza de que no está sola en su vocación de servicio.





