(Redacción, 06/05/2026) | Un nuevo informe titulado Joined Together, Torn Apart: How U.S. Immigration Policies are Separating Families, elaborado por World Relief y la National Association of Evangelicals de EE.UU., advierte de un impacto sin precedentes sobre la unidad familiar en Estados Unidos si se mantienen las actuales políticas migratorias. La principal conclusión sitúa la magnitud del problema en una cifra contundente, más de 1,3 millones de ciudadanos estadounidenses podrían quedar separados de sus familiares antes de 2029.
El informe proyecta el impacto de dos decisiones centrales, la deportación anual de un millón de inmigrantes en situación vulnerable y la suspensión indefinida de visados para 75 países. Si estas medidas continúan al ritmo previsto, provocarían una ruptura profunda en miles de hogares. En ese escenario, 910.000 menores estadounidenses quedarían separados de uno o ambos progenitores, 272.000 cónyuges con ciudadanía estadounidense vivirían alejados de sus parejas y 150.000 familiares permanecerían en el extranjero sin opciones reales de reunificación. A esta proyección se suman los efectos no contabilizados de la paralización del programa de reasentamiento de refugiados y la situación de más de 200.000 familiares de aliados afganos que siguen pendientes de reunificación.
Desde World Relief, su presidente, Myal Greene, sostiene que la unidad familiar debe preservarse salvo en circunstancias extremas que comprometan la seguridad de los menores. A su juicio, cuando las políticas públicas provocan separaciones, ya sea de forma intencionada o por falta de previsión, resulta necesario promover cambios legislativos que protejan a las familias.
En la misma línea, Walter Kim, presidente de la National Association of Evangelicals, subraya que la familia constituye una institución esencial para la sociedad y advierte de que la separación de cónyuges e hijos erosiona un principio fundamental que exige una reflexión ética rigurosa.
El investigador principal del estudio, Phillip Connor, resume el diagnóstico con claridad al señalar que la deportación a gran escala implica también una separación masiva de familias. Según explica, la expulsión de población extranjera en estos volúmenes generaría cientos de miles de hogares fragmentados y multiplicaría las situaciones de vulnerabilidad entre menores y parejas.
Sobre el terreno, distintas organizaciones ya perciben las consecuencias. En Georgia, Jacqui Jackson advierte de que el sistema de acogida se encuentra saturado y carece de capacidad para absorber nuevos casos de menores separados de sus padres. En Texas, el pastor Walter Thompson describe experiencias directas con niños que permanecen en el país mientras sus progenitores son deportados, lo que genera un impacto emocional profundo y evitable.
El pastor Elias Rodriguez Jr. pone el foco en la dimensión humana del fenómeno y recuerda que cada separación prolongada condiciona el futuro de los menores afectados. Por su parte, Matthew Soerens, responsable de políticas de World Relief, advierte de que, aunque la separación familiar no es nueva en la política migratoria estadounidense, su escala actual resulta alarmante y exige alternativas que garanticen la seguridad sin desintegrar familias.
Los responsables del informe coinciden en que las cifras reflejan una crisis creciente y evitable, que afecta de manera directa a cientos de miles de niños y pone en cuestión el equilibrio entre la aplicación de la ley y la protección de la unidad familiar.






