Saludamos y felicitamos a quienes, desde su puesto de trabajo, desarrollan con honestidad y excelencia su misión laboral, como un acto de servicio y con la mayor excelencia, pese a que su esfuerzo no sea siempre justamente retribuido ni reconocido.
Saludamos y felicitamos a los trabajadores y trabajadoras que, pese a haber visto mermados sus derechos y aumentadas en muchos casos sus obligaciones, resisten con esfuerzo al desánimo y no se entregan a la mediocridad, dignificando su trabajo y profesión con vocación y responsabilidad.
Saludamos y animamos, a las mujeres trabajadoras, que desarrollan sus trabajos y profesiones sin apenas ayudas a la conciliación laboral y, con harta frecuencia, deben ocuparse en solitario del cuidado de hijos, ancianos y familiares enfermos.
Saludamos y nos solidarizamos, de modo muy especial, con los más de 6.200.700 parados, animándoles a «no rendirse» y haciendo de su lucha nuestra lucha, la lucha de todos los trabajadores y trabajadoras -estemos circunstancialmente empleados o no- por reconducir esta situación con esfuerzo, pero sin claudicar en las justas (y pacíficas) reivindicaciones de sus derechos, nuestros derechos…
Saludamos y desafiamos a los empresarios de nuestro país, a que se comprometan con una visión amplia de su vocación empresarial, cuyo fin último no debe ser el «beneficio económico puro y duro», sino también el bien común, comprendiendo la responsabilidad social que conlleva la creación y el desarrollo empresarial, especialmente en un contexto de crisis.
Les desafiamos a que sean buenos empresarios, con amplitud de miras, que valoren a sus empleados como a sí mismos, preocupándose no sólo por su rendimiento y rentabilidad, sino también por la calidad de su trabajo, por su formación y desarrollo profesional, y de que esto se produzca en condiciones de dignidad y sostenibilidad.
Saludamos y desafiamos, también, a los responsables políticos de todos los partidos, así como a los responsables financieros y sindicales de nuestro país, para que aparcando sus intereses sectoriales -por legítimos que puedan ser-, se pongan a la altura de las circunstancias históricas que enfrentamos, de especial dificultad, y alcancen acuerdos pensando prioritariamente en los intereses de los ciudadanos, prestando atención sobre todo a los más débiles y necesitados.
Y saludamos y desafiamos, también, a los pastores y líderes de nuestras iglesias protestantes, para que en este día, y siempre, nos entreguemos responsable y comprometidamente a nuestra misión de orar a Dios por nuestro país, de proclamar y encarnar el mensaje del Evangelio siendo luz y sal para el mundo, imitando a Aquel que dignificó el trabajo con su ejemplo y palabras, y dijo: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo». [1]
Trabajemos, pues, con Él y para Él, sirviendo a nuestro prójimo con amor y sacrificio. Qué así sea.
Actualidad Evangélica, 1 de mayo de 2013