(Redacción, 03/08/2026) | El presidente de la Alianza Evangélica Latina (AEL), el pastor Juan Cruz Cellamare, trazó un amplio balance del crecimiento y los retos de la Iglesia Evangélica en América Latina durante un desayuno organizado por la Alianza Evangélica de El Salvador. En su intervención, Cellamare expuso cómo la comunidad evangélica ha pasado de representar apenas el 1% de la población latinoamericana a superar el 20% en poco más de medio siglo, y planteó cinco desafíos para la madurez del movimiento, entre ellos la necesidad de blindar a las iglesias frente a la infiltración del narcotráfico y el crimen organizado.
Según datos del Pew Research Center citados por Cellamare, en 1910 cerca del 94% de los latinoamericanos se identificaban como católicos y apenas el 1% como protestantes o evangélicos. Hoy esa proporción se ha transformado radicalmente en varios países. En Guatemala, Honduras y El Salvador la población católica ya es inferior a la mitad de los habitantes. En Brasil, uno de cada cinco ciudadanos es evangélico; en Nicaragua, uno de cada cuatro.
El presidente de la AEL calificó este fenómeno no como una tendencia pasajera sino como el «fruto visible de generaciones de siembra, oración y fidelidad de miles de iglesias locales» que en muchos casos actuaron sin recursos, sin reconocimiento institucional y sin apoyo estatal.
De recibir misioneros a enviarlos
Una parte sustancial del discurso se centró en el giro misionero del continente. América Latina fue durante gran parte del siglo XX un territorio receptor de misioneros europeos y norteamericanos. En 1980 existían apenas 92 organizaciones latinoamericanas que enviaban alrededor de 1.120 misioneros. Para 1997 la cifra había crecido a cerca de 4.000, enviados por 284 agencias.
Hoy, según cálculos del movimiento COMIBAM y de líderes como Decio de Carvalho, se estima que más de 26.000 misioneros latinoamericanos sirven de forma transcultural en todo el mundo, un crecimiento que en algunos casos supera el 300% desde el año 2000. Solo Brasil ha llegado a enviar más de 30.000 obreros al campo misionero mundial. A escala global, el llamado Sur Global pasó de representar el 12% del movimiento misionero en 1970 a cerca del 47% en la actualidad.
Respuesta evangélica ante las crisis
Cellamare subrayó también la capacidad de respuesta de la Iglesia Evangélica ante catástrofes naturales y sanitarias. Durante la pandemia, ante terremotos, huracanes e inundaciones, fueron las congregaciones locales las primeras en llegar con alimento, acompañamiento y oración, en muchos casos antes que las instituciones gubernamentales.
El aporte de la Iglesia en capellanías hospitalarias y carcelarias, en centros educativos, en la prevención de adicciones y en la restauración de vidas es, en palabras del presidente de la AEL, «sencillamente incalculable». Cellamare señaló que ninguna estadística puede medir cuántas familias se han mantenido unidas o cuántos jóvenes han sido rescatados de las drogas gracias al trabajo de las iglesias locales.
Cinco desafíos para la Iglesia Evangélica latinoamericana
El discurso no se limitó a los avances. Cellamare planteó cinco desafíos concretos que el movimiento evangélico tiene por delante en el continente.
El primero es profundizar el discipulado y no limitarse a la conversión, sino formar creyentes con solidez bíblica y seguir enviando misioneros a las zonas menos alcanzadas del planeta. El segundo, continuar trabajando en la defensa activa de la libertad religiosa, tanto en los propios países como en aquellos donde los cristianos son perseguidos.
El tercero apuntó a la relación con la clase política. Cellamare reconoció que en las últimas décadas la comunidad evangélica ha conquistado mesas de diálogo y una presencia pública que antes no existía, pero advirtió de que la Iglesia está llamada a ser «sal y luz, voz profética, no un actor que busca poder político para sí misma».
El cuarto fue el más directo. El presidente de la AEL pidió que las iglesias sean ejemplo de transparencia financiera en sus estatutos y en su documentación institucional, y alertó sobre el peligro de que el narcotráfico y el crimen organizado utilicen congregaciones para el lavado de dinero, algo que a su juicio «amenaza directamente el testimonio de la Iglesia ante la sociedad».
El quinto desafío fue la unidad, entendida como la búsqueda de los puntos en común que unen a las distintas denominaciones por encima de sus diferencias.
Exhortación a las alianzas evangélicas nacionales
Cellamare cerró su intervención con un llamado práctico dirigido a los líderes de las alianzas evangélicas de cada país. Les instó a profesionalizar sus estructuras, contar con oficina propia cuando sea posible, actualizar sus estatutos para garantizar una gestión ágil y una sostenibilidad financiera real a largo plazo, impulsar los Desayunos de Oración como espacios de intercesión y relación con la sociedad, promover las Marchas para Jesús como testimonio público de la fe evangélica, y elaborar un libro que documente el aporte histórico de la Iglesia Evangélica en cada nación.
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La AEL fue fundada en 2013 y agrupa a las alianzas evangélicas de 22 países de América Latina, Estados Unidos y España. Forma parte de la Alianza Evangélica Mundial (WEA, por sus siglas en inglés), que reúne a más de 600 millones de evangélicos en unas 140 alianzas nacionales de todo el mundo. Cellamare, pastor paraguayo, preside la AEL y fue reelegido en la XII Asamblea General celebrada en Cartagena (Colombia) en septiembre de 2025. FEREDE es miembro de pleno derecho de la organización, donde España está integrada como lo que la propia AEL denomina «madre patria latina».




