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El Parlamento Europeo, escenario de un llamamiento urgente por el futuro de los cristianos en Siria

Este encuentro no solo expuso la vulnerabilidad de los creyentes en Oriente Medio, sino que sentó un precedente sobre cómo la comunidad internacional debe actuar ante la persecución y la marginación de las comunidades de fe en países en conflicto o transición política.

(Redacción, 10/09/2026) | La libertad religiosa ocupa un lugar cada vez más visible en la agenda exterior de la Unión Europea. Desde la creación de la figura del Enviado Especial para la Promoción de la Libertad de Religión o Creencias, Bruselas ha reiterado que la protección de las minorías de fe no es una cuestión menor dentro de sus relaciones internacionales, sino un indicador del respeto real a los derechos humanos en los países con los que mantiene relaciones diplomáticas y de cooperación.

Los cristianos de Oriente Medio llevan años enfrentando las duras consecuencias de esta realidad. En países como Irak o Egipto, comunidades cristianas centenarias afrontan desplazamientos forzados, discriminación legal o violencia directa, a menudo en medio de procesos políticos convulsos donde las minorías religiosas quedan atrapadas entre el extremismo armado y la debilidad de las instituciones estatales. Siria, tras la caída del régimen de Asad, se ha convertido en uno de los ejemplos más recientes y más citados de este patrón, y por eso el Parlamento Europeo decidió dedicarle una sesión propia el pasado 8 de septiembre.

El Parlamento Europeo albergó así una cumbre decisiva para abordar el futuro de la libertad religiosa y la estabilidad de las minorías cristianas en Siria. Este encuentro no solo expuso la vulnerabilidad de los creyentes en Oriente Medio, sino que sentó un precedente sobre cómo la comunidad internacional debe actuar ante la persecución y la marginación de las comunidades de fe en países en conflicto o transición política. La crisis siria ofrece así una lección que otras naciones en situaciones similares pueden y deben mirar de cerca.

Cuando los procesos de transición caen bajo el dominio de ideologías radicales o marcos confesionales excluyentes, los creyentes sufren un paulatino desplazamiento forzado. Por ello, las demandas planteadas en Bruselas trascienden las fronteras sirias y sirven como modelo de defensa de la libertad de conciencia, los derechos humanos y el Estado de derecho para los cristianos que enfrentan presión y hostilidad en diversas partes del mundo.

Mairead McGuinness y Nadine Maenza, durante su intervención en el primer bloque.

La sesión, presidida por la eurodiputada Miriam Lexmann, copresidenta del Intergrupo sobre Libertad de Religión, Creencias y Conciencia del Parlamento Europeo, se abrió con las palabras de bienvenida del comité organizador y con las intervenciones inaugurales a cargo de las dos ponentes principales. La primera en tomar la palabra fue la Enviada Especial de la Unión Europea para la Libertad Religiosa, Mairead McGuinness, que marcó la posición oficial del bloque comunitario. McGuinness enfatizó que la libertad religiosa jamás debe reducirse al mero derecho de asistir a un lugar de culto, sino que debe garantizar la plena participación de los creyentes en la vida política, social y económica de su país. Asimismo, recordó el trágico atentado perpetrado en junio de 2025 contra un templo en Damasco, en el que murieron 25 personas durante el culto, como un recordatorio alarmante de la falta de protección efectiva que sufren los cristianos.

La Enviada Especial destacó que la UE ha movilizado más de 41.000 millones de euros desde 2011 y reafirmó que el alivio de sanciones y la ayuda para la reconstrucción están vinculados a la rendición de cuentas y al respeto a los derechos humanos. Subrayó que el objetivo europeo es lograr que el retorno de las familias desplazadas sea una opción real y segura, y no un acto de desesperación. McGuinness aseguró que la protección de los cristianos y de todas las comunidades minoritarias es un punto central no negociable en las conversaciones diarias con las autoridades de transición.

En una de las ponencias más contundentes del encuentro, Nadine Maenza, copresidenta de la Mesa Redonda Internacional sobre Libertad Religiosa (IRF Roundtable) en Washington y expresidenta de la Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional (USCIRF), donde ejerció como miembro de la comisión durante cuatro años, expuso las demandas directas recopiladas en Siria. Maenza reveló que los creyentes locales no piden privilegios especiales, protección sectaria ni cuotas gubernamentales, sino una estricta «ciudadanía igualitaria» garantizada en la ley y en la práctica para todos los habitantes.

Maenza denunció abiertamente que la nueva administración está permitiendo la captura del poder local por parte de facciones extremistas, desplazando a la población autóctona. Entre sus reclamos más contundentes, exigió reformas constitucionales urgentes para eliminar la jurisprudencia islámica como fuente principal de legislación y abolir el requisito de que el presidente deba ser musulmán, cuestionando cómo la afiliación religiosa puede imponerse sobre la pertenencia nacional en una tierra con presencia cristiana milenaria. Además, instó a Occidente a condicionar toda ayuda económica a avances medibles en gobernanza inclusiva.

El primer panel, dedicado a la libertad religiosa y la situación de los cristianos en Siria, estuvo moderado por Thibault van den Bossche, del Centro Europeo para la Ley y la Justicia (ECLJ), quien definió a los creyentes locales como «combatientes espirituales» que mantienen escuelas y hospitales funcionando en medio del caos. Van den Bossche advirtió sobre la creciente división social bajo normas extremistas y enfatizó que los cristianos no necesitan lástima, sino una voz real donde se toman las decisiones políticas que definen el rumbo del país. Esta denuncia la realizó el propio ECLJ presentando un informe en julio ante el Examen Periódico Universal de la ONU documentando la situación de la libertad religiosa en Siria, lo que muestra que la preocupación expuesta en Bruselas se sostiene sobre un trabajo de incidencia internacional ya en marcha.

En una intervención sumamente crítica contra los gobiernos occidentales, Johannes de Jong, director de la Sallux ECPP Foundation, denunció los errores de la política exterior europea. De Jong sostuvo que la diplomacia occidental ha contribuido indirectamente al auge del extremismo al financiar y respaldar a regímenes autoritarios y a grupos radicales disfrazados con trajes diplomáticos. Asimismo, instó a las distintas comunidades cristianas a detener las disputas internas y unirse en una plataforma de información unificada para presionar a los gobiernos internacionales.

Representantes del liderazgo eclesiástico local coincidieron en que el desafío actual es de carácter existencial para las familias que buscan permanecer en su tierra ancestral. Explicaron que, además de la debilidad de la fe y la pérdida de esperanza ante la crisis, la presión política y la falta de garantías económicas empujan a miles a la emigración. Hicieron un llamado urgente para respaldar instituciones educativas y proyectos de desarrollo sostenible que brinden estabilidad a los jóvenes.

Los mismos portavoces de la iglesia local enfatizaron la necesidad imperiosa de pasar del concepto tradicional de protección de minorías al concepto constitucional de derechos y ciudadanía. Argumentaron que un modelo basado únicamente en la protección gubernamental es frágil y cambia según las circunstancias políticas, mientras que un marco de igualdad legal protege al creyente de forma permanente, independientemente de quién ocupe el poder.

El segundo panel, dedicado a la representación política y el futuro de los cristianos en Siria, estuvo moderado por Metin Rhawi, de la Unión Siríaca Europea (European Syriac Union, ESU), entidad que actuó como principal coorganizadora del encuentro bajo la coordinación de Ruth Daskalopoulou, quien lideró e impulsó la organización de la conferencia.

En ese marco, Sanharib Barsom, presidente del Partido de la Unión Siríaca, denunció que la marginación de los cristianos continúa siendo sistemática bajo la nueva autoridad de transición. Barsom señaló que el manejo del poder bajo un enfoque religioso estricto vulnera los acuerdos internacionales de pluralismo y empuja a las comunidades a abandonar el país, privando a la región de su patrimonio histórico y lingüístico.

Por su parte, Petros Homi, portavoz del Partido Democrático Asirio, reivindicó el carácter autóctono de las comunidades cristianas, rechazando que sus demandas sean vistas como concesiones o favores. Homi reclamó garantías constitucionales explícitas para preservar la identidad, el idioma y el patrimonio cultural en las regiones históricas, defendiendo que la descentralización administrativa y la representación política genuina fortalecen la unidad nacional.

En una alocución de profunda carga emotiva, Waddah Al Khoury, presidente del Levantine National Council, relató la reciente profanación de cementerios y templos. Al Khoury increpó a los parlamentarios europeos pidiendo que no enfoquen el mensaje en un superficial «salven a los cristianos», sino en «ayudar a construir una nación donde ningún ciudadano necesite pedir ser salvado simplemente por ser diferente». Presentó como prioridades la seguridad de los bienes, la rendición de cuentas por los abusos y el retorno digno de los desplazados.

La dimensión de la acción social fue expuesta por Sarah Aphram, representante de Syriac Cross Belgium, quien detalló cómo el trabajo humanitario impulsado por valores cristianos atiende a todas las comunidades por igual. Aphram demostró que servir a desplazados de diversas convicciones reafirma la responsabilidad social de la iglesia y exigió que las ayudas internacionales lleguen directamente a las organizaciones locales que cuentan con la confianza y presencia en el terreno.

Lo ocurrido en Bruselas confirma que Siria no puede verse como un caso aislado, sino como el síntoma más reciente de un problema que la Unión Europea lleva tiempo intentando abordar de forma estructural en su política exterior. No basta con las declaraciones de buena voluntad ni con una ayuda condicionada que no venga acompañada de garantías constitucionales verificables y de rendición de cuentas efectiva. De ello depende que comunidades como la siria, herederas de algunas de las tradiciones cristianas más antiguas del mundo, puedan seguir escribiendo su historia en la tierra que las vio nacer, en lugar de sumarse a un éxodo que amenaza con borrar una presencia milenaria.

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