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OPINIÓN / por DANIEL BORES

El animal que llevo dentro

Foto: Magnific.com

Homofobia, xenofobia, racismo, insultos, amenazas, palabrotas y demás aullidos están a la orden del día en los grandes estadios y pabellones deportivos. Pero son cada vez más frecuentes en los campos municipales en los que niños, adolescentes y aficionados en general practican deporte cada fin de semana. No hay radiografía más deprimente…

(Daniel Bores García, 22/05/2026) | Rousseau se equivocó cuando defendió la bondad individual del ser humano atribuyendo la maldad existente a la vida en sociedad. No, Rousseau, no. Una persona se basta y se sobra para hacer el mal sin ayuda de nadie más. Como mucho, puede amplificar los desastrosos efectos de su podredumbre moral al unirla con otras moralidades igualmente podridas. A mí me parece que un coetáneo, Hobs, estuvo más acertado cuando dijo aquello de homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre). O sea, lo que acabamos de decir: si un lobo solo ya es peligroso, imagina dos.

Los estadios, los bares o los sofás del salón de casa son habitats naturales de estos lobos. Un zoom lejano muestra una masa uniforme de personas disfrutando y celebrando de un espectáculo deportivo: camisetas del color del equipo preferido, banderas ondeando al viento, tambores resonando, niños disfrutando de sus bocatas del descanso y vuvucelas que rugen tras una jugada memorable del equipo local. Sin embargo, a medida que se amplía el zoom hacia la grada, uno empieza a exclamar tenuemente: “¡Qué orejas tan grandes tienes!”, “¡Qué dientes tan grandes tienes!”…hasta llegar al clásico “¡Qué boca tan grande tienes!”. Y es en ese momento cuando la cámara se detiene en un rostro, un gesto, una pancarta, un sonido…y el ser humano responde aullando: “Es para comerte mejor!”.

Homofobia, xenofobia, racismo, insultos, amenazas, palabrotas y demás aullidos están a la orden del día en los grandes estadios y pabellones deportivos. Pero son cada vez más frecuentes en los campos municipales en los que niños, adolescentes y aficionados en general practican deporte cada fin de semana. No hay radiografía más deprimente que la que puede hacerse en muchas de las gradas de las instalaciones deportivas un sábado cualquiera. El diagnóstico está claro: no somos buenos. Ni juntos ni separados. Aunque es cierto que rodeados de otros lobos pensamos que nuestros aullidos se justifican mejor, o que se edulcoran y diluyen en el efecto de la masa. “Los hay peores….”, “no me compares…”, “es que me provocan…”, “no me digas que el árbitro no se lo ha ganado…”, “lo que no se puede hacer es venir a provocar…”, son algunas de esas frases de autoayuda o, más bien, de autojustificación.

Decía un conocido anuncio de cereales: “¡Despierta el tigre que hay en ti!”. Pues perdónenme, damas y caballeros, porque yo creo que mal no nos haría si, al contrario, le cantáramos una nana.

Fuente: Daniel Bores García - mayo 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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