«En tu mano están mis tiempos; Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores. Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; Sálvame por tu misericordia». (Salmos 31:15)
Esperanza, que no optimismo, necesariamente.
Esperanza en las buenas, y en las malas.
Esperanza ante horizontes amplios y luminosos; y también esperanza en medio del oscuro túnel, de amenazas, incertidumbres y confusión.
Esperanza, ¡esperanza siempre!
Esperanza que nos permite –en palabras de Lutero– «plantar un árbol», aún si supiéramos que «mañana, el mundo se va a desintegrar».
Esperanza que, en palabras del apóstol Pablo, «no avergüenza», porque «…Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». [1]
Esperanza, pues, fundada en un amor incondicional y en una obra redentora consumada, de cuyo alcance nada, ni nadie, nos puede separar ni apartar.
Esperanza, como dice el salmista, en un Dios todopoderoso, en cuya mano están nuestros tiempos, y los tiempos de su Iglesia. También su Iglesia en Oriente próximo, por cierto… y en España.
Esperanza en una mano poderosa y amorosa, que puede librarnos de nuestros angustiadores, de nuestros opresores y de nuestros perseguidores.
Esperanza también.. ¡aún cuando no nos libre!, como dijeran aquellos valientes jóvenes hebreos a Nabucodonosor, ante la amenaza del horno de fuego. Porque es la esperanza en Aquel, que aún puede juntar nuestras cenizas y hacer con ellas una obra gloriosa, perdurable, indestructible…
Por eso, y porque «a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien»[2], estamos seguros de que el 2016, un año que a priori se presenta lleno de oportunidades, pero también de importantes desafíos para los seguidores de Jesús, en el mundo y, particularmente en España, podemos decir… nos complace decir…
… ¡Feliz 2016!
Actualidad Evangélica – Madrid, 31/12/2015
[1] La Biblia (RVR60), Romanos 5:5-8
[2] La Biblia (RVR60), Romanos 8:28