|
La Comisión Permanente de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) lamenta la publicación del documento «Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia», por parte de la Iglesia católica romana, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex «Santo Oficio»). Un documento que, más que un hecho aislado, parece confirmar la línea de reafirmación y retroceso a conceptos preconciliares ya insinuados en otro documento similar publicado en 2001, bajo el título Dominus Iesus, que en su día mereció la desaprobación de las demás Iglesias cristianas y de las principales entidades ecuménicas. Un texto que no admitía lugar a equívocos, como puede apreciarse en algunos de sus párrafos:
La referencia que hace Roma, en su último documento, a las iglesias protestantes como «comunidades cristianas» – en lugar de «Iglesias cristianas» – (para diferenciarlas de «LA» Iglesia…), nos parece tan inadecuada como la de «sectas protestantes», utilizada durante la reciente visita de Benedicto XVI a Brasil. Un discurso y un lenguaje que nos remite a épocas anteriores al Concilio Vaticano II y pone en evidencia unas pretensiones de supremacía y exclusividad, por parte de la Iglesia de Roma que – además de antiecuménicas – nos parecen sectarias y diametralmente contrarias al Espíritu de Cristo. Con relación a algunas de las afirmaciones de este último documento vaticano, cabría recordar además que, como no podía ser de otra manera, las iglesias protestantes confesamos la Iglesia como una, santa, católica y apostólica – aunque no ROMANA – y a Jesucristo como única cabeza y Señor de su Iglesia, sin que exista fundamento bíblico ni histórico real para que hombre alguno se arrogue la pretensión de ser su representante en la tierra. La reciente aprobación, por parte de Benedicto XVI de la liturgia de la «misa tridentina» – llamada así por tener su origen en los principios de la contrarreforma proclamados en el Concilio de Trento (1545-1563) – se suma a este hecho, en lo que puede apreciarse un hilo conductor de la política vaticana dirigida por el nuevo Papa. Creemos que, hablar de ecumenismo en términos cristianos, sólo es posible desde un correcto «discernimiento del Cuerpo de Cristo» (1 Corintios 11:29), que nos permita reconocer a nuestros hermanos como iguales, por encima de nuestras diferentes sensibilidades teológicas, manifestaciones litúrgicas, estructuras orgánicas, y/o cultura eclesiológica. Desde luego, desandar el camino andado desde el Concilio Vaticano II no parece que sea la dirección adecuada para el acercamiento, el reconocimiento, y el entendimiento ecuménico.
|




