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HISTORIA Y PENSAMIENTO PROTESTANTE / CENA DEL SEÑOR

Cena del señor

Imagen: Freepik

Cuando Cristo toma ese pan y ese vino diciendo que es su cuerpo y su sangre, lo que hace es identificarse con ese cordero; aunque la redención no está en el pan ni en la sangre, al igual que tampoco está en el cordero pascual. 

(Historia y pensamiento protestante, 24/09/2026) | La Cena del Señor es una institución del Nuevo Testamento creada por Jesús, y es practicada como una ordenanza de la Iglesia en el culto dominical. Los nombres usados pueden ser diferentes: Santa cena, Cena del Señor, Partimiento del pan, Comunión, Mesa del Señor y Eucaristía (este último es inusual en las iglesias evangélicas). Todas estas expresiones tienen una base bíblica y se suelen usar indistintamente, aunque la más común es la de Cena del señor o Santa Cena. Los pasajes bíblicos donde se relata esta celebración se encuentran en los evangelios sinópticos (Mt. 26:26-29; Mr. 14:22-25; Lc. 22:14-20) y en 1 Co. 11:23-26. Otros textos de referencia son: 1 Co. 10:16; 11:27ss; 16:20, 22; Ap. 22:17-21; Hch. 2:42, 46; 20:7, 11; Jn. 6:51-58.

Tiene sus raíces en la escena de la Pascua judía. En la Pascua se celebraba la liberación de Israel de la esclavitud egipcia. Se hacía en familia, encabezando la reunión el padre de la misma, que tenía unas palabras rememorando cómo Dios liberó a sus antepasados de la esclavitud (Éx. 12). En esta celebración era central el cordero que se sacrificaba, con cuya sangre se untaban los dinteles de las puertas, señal de alianza y confirmación de que éste era el Israel que confiaba en Dios.

Cuando Jesús celebraba esta fiesta con los apóstoles hacía uso del pan y del vino, elementos propios de esta celebración. Jesús tomó el pan y habiendo dado gracias (eucaristía), lo partió (partimiento del pan). Asimismo, tomó también la copa… En este acto, las iglesias evangélicas ven un evento que conecta con el cordero pascual, señal y símbolo de la liberación en un hecho concreto, pero que también apunta al Cordero de Dios que, en expiación, sería sacrificado por todos nosotros en la persona de Jesús. Pero la ordenanza no solamente conecta con el pasado, pues lo hace también con el futuro, afirmando que la Cena del Señor comprende un mensaje que se ha de anunciar hasta que él venga. Así, Jesús deja a la iglesia sirviéndole, pero expectante ante su segunda venida.

En dicha celebración se tiene y se confiesa una comunión con Dios, pero también entre los comulgantes. Todos se hacen partícipes de un nuevo pacto (Jer. 31:31), donde Cristo es la cabeza y los feligreses el cuerpo; pero un cuerpo comprometido en la extensión del reino de Dios. Tal evento se hace en memoria de Jesús.

Cuando Cristo toma ese pan y ese vino diciendo que es su cuerpo y su sangre, lo que hace es identificarse con ese cordero; aunque la redención no está en el pan ni en la sangre, al igual que tampoco está en el cordero pascual. Estos son símbolos que señalan que la redención se da en lo simbolizado, que es Jesús. Así, las iglesias evangélicas entienden que, en la Santa Cena, el pan es pan y el vino es vino. No se admite ningún tipo de transustanciación de estos elementos. No obstante, algunas iglesias protestantes presentan un matiz teológico en este acto. Las luteranas aceptan que, si bien no hay una transustanciación, sin embargo, si se da una consustanciación. Esto es, Cristo está presente alrededor de estos elementos y en ellos mismos solo en el momento de la conmemoración. Por otro lado, las que mantienen una postura calvinista entienden que se da una presencia dinámica[1] de Jesús en dicho Acto. El resto de las iglesias aceptan el pan y el vino como símbolos, como también señalaría el reformador Zwinglio. Las personas que pueden participar son las que han creído en Jesús y han sido bautizadas. Aunque hay iglesias que son de comunión cerrada (solamente pueden participar los miembros de su iglesia local), comunión semicerrada (solamente los creyentes de su denominación) y de comunión abierta (todos los que han aceptado a Jesús Como Salvador y han sido bautizados), que son la gran mayoría.

Autor: Juan Manuel Quero Moreno (Protestantismo en 100 palabras, Consejo Evangélico de Madrid, 2005)

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Bibliografía

Berkhof, L. Teología sistemática, T.E.L.L. (Michigan, USA, 1969); Coenen, Lothar y otros, Diccionario teológico del Nuevo Testamento, vol. II, Ediciones Sígueme (Salamanca, 1985); Wiley, H. Orton y Culbertson, Paul T. Introducción a la teología cristiana, Editorial Beacon Hill Press (Kansas City, Mo. USA, 1982); Conner, W.T., Doctrina cristiana, Casa Bautista de Publicaciones (El Paso, Tx. USA, 1978); Cullmann, Oscar, La fe y el culto en la iglesia primitiva, Ediciones Studium (Madrid, 1971); Lacueva, Francisco, La Iglesia, cuerpo de Cristo, curso de formación teológica evangélica, tomo IV, Ed. Clie (Barcelona, 1978).

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[1] Presencia espiritual

Fuente: Juan Manuel Quero Moreno (Protestantismo en 100 palabras, Consejo Evangélico de Madrid, 2005)

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