(Historia y Pensamiento protestante, 28/08/2026) | Se califica con este término al sujeto que reúne en su persona las cualidades del carisma, don gratuito que el Espíritu Santo concede a una criatura elegida por él.
El «carismatismo» es un fenómeno que se ha dado a lo largo de la historia en la Iglesia cristiana y que en la actualidad ha influido en mayor o menor medida en las distintas iglesias tradicionales (catolicismo, luteranismo, anglicanismo, etcétera). Las primeras comunidades cristianas descritas en el libro de los Hechos de los apóstoles practicaron y observaron algunos de los carismas del Espíritu Santo, como el don de lenguas, sanidad, fe o discernimiento de espíritus. Ignacio y el pastor de Hermas de Roma, junto a otros representantes cristianos, practicaron los dones carismáticos, aunque no hay una mención extensa a estos dones por los padres apostólicos. En el siglo cuarto Pachomius, fundador del movimiento monástico coenobitic en Egipto, confesó que a pesar de desconocer el latín, después de pasar tiempo en oración, podía hablar del Evangelio en dicho idioma. Asimismo, la expulsión de demonios como práctica habitual de la Iglesia se registra en la Historia Eclesiástica Gentis Anglorum del siglo VIII. En la Edad Media destacan los casos de la abadesa benedictina Hidegad de Biingen (siglo XII), y el abad cisterciense Joachin de Flora (siglo XIII), que practicaban el don de lenguas.
A finales de la Edad Media, los hussitas y otros grupos expresaban la manifestación del Espíritu Santo a través de las lenguas espirituales, la expulsión de demonios y las profecías. En la edad moderna, el impulso de la Reforma movilizó a nuevos grupos de cristianos, como los anabaptistas, compuesto por diferentes grupos con una marcada tendencia apocalíptica, con manifestaciones del don de lenguas y el don de interpretar las Sagradas Escrituras de forma correcta. Las llamadas Sociedad de Amigos también experimentaron estos arrebatos en su culto. En el siglo XVII los camisardos, profetas de las montañas en Cevennes (Francia), eran conocidos por sus reuniones animadas y entusiastas. Con la llegada de John Wesley y su movimiento de santidad en el siglo XVIII, se difundió la idea de una experiencia de crisis o conversión que llevaba a la entera Santificación el perfecto amor y la pureza de corazón. También Wesley comentó en sus escritos la llamada “segunda bendición”, pero fue Juan Fletcher, uno de sus seguidores, quien desarrolló esa idea, llamando a la segunda bendición “el bautismo del Espíritu Santo”, una experiencia que fortalecía al creyente en su labor cristiana. En 1831, el pastor presbiteriano de Londres, Edward Irving y sus colaboradores buscaron la restauración de los dones espirituales en la iglesia moderna, dando como resultado la Iglesia Apostólica Católica. Aunque el movimiento se extinguió poco después, Irving defendió por primera vez que la señal del bautismo del Espíritu Santo era la glosolalia o “hablar en lenguas”. En 1875 el movimiento Vida Superior del reverendo Keskwick, inspirado en los movimientos de santidad americanos, promovió el bautismo del Espíritu Santo, las sanidades divinas y el rapto pre-milenial.
En 1901 aparecieron los primeros pentecostales en sentido moderno, en la ciudad de Topeka, Kansas, en la Escuela Bíblica dirigida por Carlos Fox Parham, maestro de santidad y expastor metodista. La primera persona en ser bautizada fue la estudiante Agnes Ozman. En 1906, una pequeña iglesia en la calle Azusa, en Los Ángeles, sufrió un avivamiento que impactó al mundo cristiano. El pastor de la Iglesia, el metodista afroamericano William Joseph Seymour, tuvo que ampliar sus cultos a tres reuniones al día los siete días de la semana para poder atender la avalancha de gente. En la actualidad, los movimientos carismáticos se encuentran extendidos por todo el mundo y pueden verse grupos en cualquier denominación e iglesia. En 1993 se calculaba que había doscientos millones de cristianos en iglesias pentecostales, a los que hay que añadir otros doscientos cuarenta millones pertenecientes a otras denominaciones y a la Iglesia católica, que practican el culto carismático. A eso debemos unir la influencia de los pentecostales en la forma cúltica protestante, especialmente en la alabanza.
En la actualidad, grupos neo-carismáticos se extienden por todo el Mundo, promoviendo en muchos casos un nuevo ecumenismo, y el resurgir de doctrinas heterodoxas como la super fe o la teología de la prosperidad.
Autor: Mario Escobar Golderos (Protestantismo en 100 palabras, Consejo Evangélico de Madrid, 2005)
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Bibliografía
Metarreligión. «Carismatismo», https://www.meta-religion.com/Religiones_del_mundo/Cristianismo/Denominaciones/carismaticos.htm; Walter Hollenweger, El pentecostalismo. Historia y doctrinas, La Aurora (Buenos Aires, 1976); Donal W. Dayton, Theological roots of pentecostalism, Zondervan Publishing House (USA, 1987); Christian Lalive D’Epinay, El refugio de las masas, estudio sociológico del protestantismo chileno, El Pacífico (Santiago, 1968).
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