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Berlín, punto de encuentro y reflexión sobre los derechos digitales

El Dr. Heinrich Bedford-Strohm durante su intervención en la jornada inaugural del simposio. Fuente: Albin Hillert/WCC

Un simposio internacional impulsa la justicia digital, la dignidad humana y el bien común como ejes centrales del uso de la Inteligencia Artificial.

(Redacción, 15/04/2026) | Berlín acogió un encuentro que reunió a líderes cristianos y representantes civiles para abordar uno de los principales desafíos actuales: el desarrollo de la inteligencia artificial y su impacto en la dignidad humana. Durante la reunión, los participantes analizaron cómo impulsar un uso ético de esta tecnología que favorezca el bien común y reflexionaron sobre el papel que pueden desempeñar las comunidades de fe en este ámbito emergente.

El simposio, celebrado los días 13 y 14 de abril, ha sido organizado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC) en colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) bajo el título “Nuestro futuro común: Abogando por los derechos digitales y la rendición de cuentas de la IA”. Además, con la participación de 25 invitados en representación de socios ecuménicos clave de la WACC.

Desde la sesión inaugural, el obispo luterano Heinrich Bedford-Strohm, moderador del CMI, subrayó que la orientación ética de la tecnología no es una opción secundaria, sino una responsabilidad ineludible.

Además, Bedford-Strohm defendió que las iglesias están llamadas a guiar este proceso con una visión arraigada tanto en lo local como en lo global, y recordó que millones de creyentes en todo el mundo representan una fuerza única para impulsar cambios justos y sostenibles.

El encuentro planteó la tecnología como una oportunidad que puede contribuir a una vida más digna para todos y al cuidado responsable de la creación. Esta mirada sitúa la innovación al servicio de la persona y no al revés.

El simposio ha reunido a representantes ecuménicos que, durante dos jornadas, han analizado cómo las iglesias pueden defender una justicia digital real en un mundo marcado por profundas desigualdades tecnológicas.

Entre las preocupaciones principales destaca la exclusión de millones de personas del acceso y la participación en los sistemas digitales que moldean la información, el conocimiento y las relaciones de poder.

El pastor Dr. Lesmore Gibson Ezekiel, en representación de la All Africa Conference of Churches, comparte sus reflexiones durante el simposio. Fotografía: WACC.

En este sentido, se insiste en la necesidad de un marco ético orientado a la justicia, que garantice no solo el acceso, sino también la participación equitativa.

Los organizadores alertan de que las desigualdades actuales están vinculadas a herencias de carácter colonial, racista y sexista que siguen presentes en el control de la información y en el despliegue de las nuevas tecnologías.

Desde una perspectiva cristiana, esta denuncia adquiere una dimensión moral: no se trata solo de eficiencia tecnológica, sino de justicia, verdad y dignidad para todos, especialmente para los más vulnerables. La urgencia de una acción coordinada y global también fue destacada por la pastora Dagmar Pruin, quien advirtió del creciente riesgo de perder el control democrático sobre estos sistemas si no se actúa con decisión y criterios éticos claros.

Corinna Waltz, de EMW, en representación de Evangelische Mission Weltweitdurante (EMW), durante su intervención. Fuente: WCC

Por su parte, la teóloga Corinna Waltz recordó que la justicia digital no es un concepto abstracto, sino una realidad que atraviesa la vida cotidiana. En este sentido, insistió en que el mundo digital forma parte de la responsabilidad moral del creyente.

Las comunidades cristianas, afirmó Waltz, tienen la misión de visibilizar el sufrimiento causado por las injusticias digitales, amplificar la voz de quienes no son escuchados y tender puentes entre realidades diversas.

El encuentro concluye con un objetivo claro: sentar las bases de un marco común que permita a iglesias y organizaciones colaborar de manera efectiva en la promoción de una inteligencia artificial al servicio de la justicia.

 Un paso más en la convicción de que el futuro digital aún no está escrito, y que los cristianos están llamados a contribuir activamente a modelarlo desde los valores del Evangelio que involucran la dignidad, la justicia y el cuidado de toda la creación.

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