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NOSÓLOFÚTBOL / por Dani Bores

La “omertá”, contagiosa.

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(DANIEL BORES, 11/06/2015) | Los capos de las mafias de Sicilia conocen bien el significado de esta palabra. Blok lo explica así: La prohibición categórica de la cooperación con las autoridades estatales o el empleo de sus servicios, incluso cuando uno ha sido víctima de un crimen.

Bordeando la costa Sur de Francia, en tan solo 2.800 km por carretera (un par de jornadas de conducción) llegaríamos desde Madrid a Sicilia. Alrededor de dos horas en avión. Parece ser que el virus del “silencio institucional” se contagia en la distancia. Ha llegado desde Palermo y ha aterrizado en las lujosas mesas de las lujosas oficinas de los no menos suntuosos directivos del imperio del fútbol. Y, por extensión, al torrente sanguíneo de futbolistas, entrenadores, cuerpos técnicos, equipos directivos, etc.

En palabras de un peso pesado del departamento de Integridad de la Liga de Fútbol Profesional, “el 4% del PIB mundial lo mueven las apuestas ilegales de fútbol”.

¿Los síntomas? Resultados altamente sorprendentes en los últimos partidos de las ligas de fútbol de nuestro país (nótese el uso del plural), comportamientos erráticos de futbolistas que no fallan nunca, destellos de botas de oro en jugadores que han pasado inadvertidos durante toda la temporada, apretones de manos en los palcos, cenas en reservados, coches de lujo, vacaciones sobre yates de varios metros de vergüenza (perdón, de eslora)…

En palabras de un peso pesado del departamento de Integridad de la Liga de Fútbol Profesional, “el 4% del PIB mundial lo mueven las apuestas ilegales de fútbol”. También dice otra frase interesante: “hay una conciencia colectiva de silenciar, un mal entendimiento del compañerismo”. Vamos, que hacemos internacional al español que se inventó aquello de que los trapos sucios se lavan en casa…si es que se lavan (añado yo).

¿La cura? Siempre que pienso en soluciones, pienso en dos alternativas. Una es la que soluciona el problema. La otra es la que lo maquilla, la de las “chapuzas” de llana y alicate. Normalmente, para que nadie se ría de uno, recurro a la segunda. Y entonces, en este caso, digo que la cura la tienen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las inspecciones de Hacienda, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el CSD, la LFP, la FEF, la UEFA, la FIFA, la UE…y todas las siglas que bien podrían parecer nombres de vacunas “anti-corrupción”. Pero, ¿sabéis qué?; que este asunto me preocupa suficientemente como para no dar la solución real al problema. Y es que de nada sirve ponerle parches a un vaso roto. El agua se acabará saliendo. Hay que romperlo del todo, echarlo a la basura y comprar uno nuevo.

Resumo: el ser humano es corruptible (que se puede corromper). Decimos que es la sociedad quien le corrompe. Y yo digo que la sociedad la formamos los seres humanos. Por lo tanto, el ser humano es el que corrompe al ser humano. Por lo tanto, el ser humano es corruptible y corruptor a la vez (me da la sensación de haber caminado dando vueltas). ¿Qué podemos hacer para terminar con la corrupción? Dejar de ser corruptos nosotros. Pensarás: “Pero si yo no he robado, no he defraudado, no me he quedado con dinero público…”. Y yo te remitiré (como me remito a mí mismo) a la segunda acepción que la RAE hace de “corrupto”: Dañado, perverso, torcido. En el momento en el que una persona abandona, aunque sea por un momento, la línea recta que se le presupone a algo recto, ya está torcida (¿alguna vez te has parado a pensar que si un conductor varía la dirección del volante un solo grado, a los pocos segundos ya se habrá salido de la carretera?).

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¿Y cómo enderezarnos, entonces? Dejando de ser nosotros. ¿Y cómo? Cambiando el yo por el Él. ¿Y quién es Él (¿y en qué lugar se enamoró de mí?)? Él es Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo hombre y su vida fue un ejemplo de coherencia e integridad. Y se enamoró de mí desde antes de nacer, cuando yo estaba “en el vientre de mi madre”. Sí, se enamoró de un ser corruptible, corruptor y…sí, torcido. Y murió para limpiarme de esa corrupción. Solo Él puede hacer que yo, como ser humano, sea íntegro. Así haré una sociedad íntegra. Y esa sociedad “integrizará” al resto de seres humanos. Y así eliminaremos el virus que, ahora me corrijo, en realidad no viene de Sicilia. Viene de mí. Y de ti.

Autor: Daniel Bores GarcíaDaniel Bores García (1987), natural de Valladolid, es Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Diplomado en Magisterio de Educación Física y Doctorando por la Universidad de Valladolid. Tiene un Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria, el Título Profesional de Música y es Experto en Musicoterapia. Actualmente trabaja como profesor en un colegio de Madrid.

© 2015. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA.Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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