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OPINIÓN

La madre que parió a Weber...

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jorge(JORGE FERNÁNDEZ, 01/07/2011) La llamada “ética protestante del trabajo” está siendo mirada con lupa en estos días de crisis, cuando se analizan las causas y los efectos de los vaivenes económicos desde distintos ángulos, buscando elementos comunes para explicar por qué éstos afectan a algunos países más que a otros. Pero no siempre se lo hace con objetividad.

Los comentarios de la canciller alemana Ángela Merkel, acerca de que “los españoles tendrían que trabajar más”, no han sentado nada bien, como es lógico, en la opinión pública española. Y el hecho de que los países más afectados por la crisis -Irlanda, Portugal, Grecia, y España- sean países bajo una histórica influencia católicorromana (Ortodoxa, en el caso de Grecia), ha atizado el debate en torno a la conocida teoría de Max Weber, el sociólogo y economista alemán autor de: “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.

“La ética protestante y el espíritu del capitalismo” es una obra de referencia, publicada en 1901, con la que Weber contestaba los postulados del materialismo científico enunciados por Carl Marx y que sigue siendo de estudio obligado hoy en día en el ámbito académico, imprescindible para comprender la historia de la economía, de la empresa y de la civilización en general.

En este contexto de crisis, de presión y de cruce de acusaciones, se puede comprender -aunque no justificar- que un catedrático de historia como Felipe Fernández-Armesto haya escrito un artículo como el publicado esta semana en EL MUNDO, titulado: “El culto sesgado de la ética del trabajo”, en el que, tras confesarse “católico y perezoso”, arremete contra lo que define como “mito”: “La creencia irresistible de que el protestantismo conduce a la industria”.

Y no se justifica, no tanto por la denuncia en sí  -que puede ser muy legítima- sino por la forma en que la hace, sin más argumentos que un par de ejemplos absurdos, por anecdóticos, con los que pretende desautorizar el pensamiento del gran pensador alemán.

Piratas, corruptos, prejubilados y una madre "tirana" que "no daba limosnas"

Así, Fernández-Armesto evoca ejemplos puntuales de “santos católicos” como San Ignacio Loyola, o Santo Tomás de Villanueva -“trabajadores ejemplares que daban limosnas a los pobres”-, a los que contrasta con figuras "protestantes" tan controvertidas como el "pirata" Francis Drake y el "corrupto" William Cecil, de los que, afirma: "gastaron sus rentas -fruto de la piratería y la corrupción- en comprar terrenos y edificar palacios".

También menciona al magnate francés de la revolución industrial Jules Siegfried, "a quien se cita a menudo como ejemplo icónico del magnate trabajador", señala, pero que "¡se jubiló a la edad de 44 años!" (sic).

Lo que no dice Fernández-Armesto, es que Siegfried empezó a trabajar a los 13 años y que a lo largo de su larga y productiva vida, después de crear junto a su hermano prósperas empresas y varias escuelas de negocios, desarrolló una importante carrera política, llegando a ser Ministro de Comercio, Industria y Colonias y promoviendo leyes progresistas como la llamada "ley de Siegfried" de 30 noviembre 1894, que  alentó la creación de órganos de viviendas de bajo costo; además de promover una campaña a favor del voto de la mujer y presidir el "grupo de los derechos de las mujeres", creado en la Cámara de Diputados gala en 1918.

La madre avara y déspota del "inventor"

Pero "la guinda" se la lleva su comentario sobre la madre de Weber (el “inventor”, según Fernández-Armesto, del “mito” de  la ética protestante del trabajo): "Mi madre daba limosna a los pobres y la suya no", empieza diciendo, para luego endosarle la siguiente perla: "La madre de Weber era una calvinista a ultranza que tiranizó a su hijo para que trabajara a destajo hasta que se convirtiera una máquina insuperable en los exámenes y, por fin, en un catedrático precoz" (sic).

Quizás un psicólogo sería capaz de reconocer en esta diatriba una proyección de las iras de Fernández-Armento hacia la canciller alemana Ángela Merkel (¿otra calvinista a ultranza, que "tiraniza" a Europa?), representada en el subconsciente del autor por la madre de Weber… Quizás, aunque en estas líneas no nos aventuraremos a tanto.

En cualquier caso, resulta poco elegante acordarse para mal de la madre que parió a un adversario ideológico, cuando uno carece de argumentos para contestarle al hijo.

En fin, evitaremos más comentarios. Entre otras cosas porque uno es protestante y tiene mucho trabajo y muy poco tiempo para andar contestando a divagaciones ociosas.

Autor: Jorge Fernández Basso

© 2011. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA como fuente.

. Descargar el artículo “El culto sesgado de la ética del trabajo” (EL MUNDO, 28/06/2011) en pdf.

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